domingo, 1 de abril de 2012

14ª ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

Tu vida tan prometedora hace una semana cuando entrabas en Jerusalén y eras aclamado como Rey, ¿en qué ha quedado? Un sepulcro nuevo para mi Señor. Envuelto en una sábana, ungido a toda prisa con perfumes, los que te aman depositan Tu Cuerpo en el sepulcro y la mayoría de ellos, también sepultan sus esperanzas y su fe vacilante.

Los hombres me miran en mi sudario y se ríen de mi “fracaso”, muchos también se burlan de mi confianza en Ti, creen que me has fallado. Yo, en el silencio del sepulcro, en la desnudez de mi muerte, repaso mi via crucis particular. Es entonces cuando todo mi dolor cae en tierra fecunda y se convierte en semilla de la que brota el amor. Un amor más robusto que crece hasta Ti, un amor hecho de Tu Amor por mí. Contemplo mi sufrimiento y lo que yo creía hasta ahora mismo que había sido donación de mí, se revela en mi interior con claridad: por medio de mis padecimientos he recibido incalculables tesoros de Amor de Dios, ¡cuántos beneficios han dejado en mi alma! y la acción de gracias por este dolor brota desde el fondo de mi corazón.

Sé que todo mi dolor ha sido aprovechado por Ti para amarme con más intensidad, para hacerme más permeable a Tu Amor, para llenar todo mi ser de Ti, de Tu Luz, de Tu Sabiduría, de Tus Dones… Quieres que Te ayude a derramar Tu Bondad sobre la humanidad, quieres que grite a todo el mundo cuánto nos amas. Es necesario que tú, que estás leyendo estas páginas, descubras que tú eres el alma predilecta de Jesús, Él tiene una historia de amor contigo. Espera a las puertas de tu alma y, a veces, se sirve de tu dolor para llamar. ¿Quieres abrir tu alma al Amor de los Amores?

13ª ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU SANTÍSIMA MADRE

José de Arimatea y otros hombres valerosos te desclavan de la Cruz. Te bajan con cuidado y amor infinitos hasta depositarte en el regazo de María Santísima, Nuestra Madre. Ella, anegada en llanto, Te abraza, Te cubre de besos, acaricia Tus heridas, revive cada golpe, cada latigazo. Pero su fe, su amor y el Tuyo la sostienen mientras te acuna como si aún estuvierais en Belén.

Yo también estoy en mi cruz, y creo que lo he dado todo, que he agotado mi sufrimiento, que me he vaciado del todo,… hasta que te miro a Ti: entonces me doy cuenta de la imperfección de mi sufrimiento, de mi pequeñez. Siento cómo Tus ojos amorosos se posan sobre mí y me doy cuenta de que Tú mismo me desclavas de mi cruz. Me bajas y me colocas en los brazos de mi Madre que me acoge y sostiene. Entonces, los dos me ungís perfumando con la mirra de Vuestros besos mi pobre alma agotada, extendéis el áloe de Vuestras caricias sobre las llagas de mi corazón y me envolvéis con gran delicadeza en le sudario de Vuestro amor, preparándome para la sepultura.