viernes, 30 de marzo de 2012

12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

La turba se burla de Ti, Te insultan, siguen sin comprender. Expiras. La Naturaleza llora, pues es más sabia que nosotros, los hombres, que somos los reyes de la creación. Todo está consumado: hemos matado a Nuestro Dios; yo te he matado; mis pecados te han clavado a la Cruz. ¡Sostén mi corazón para que no se rompa de dolor! ¡Señor apiádate de mí! Te pido perdón, lloro por todo mi desamor, gimo por el desamor de la humanidad entera.

Con Tu Muerte Santa me enseñas que hay que sufrir con generosidad, hasta agotar el sufrimiento porque aunque éste sea atroz, y nos parezca casi imposible de sobrellevar, un día se acaba, no es para siempre. A lo largo de mi vida podré llevar más de una cruz, algunas muy pesadas, pero al final me aguarda la resurrección y una vida de gloria junto a Ti, Mi Señor, para toda la eternidad. Tú, con Tu Muerte y Resurrección, la has conquistado para mí.

11ª ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Te tumbas sobre la Cruz, la misma que te aplastó durante el camino. Extiendes tus brazos, largos, amorosos, quieres abrazarnos a todos, llevarnos hasta el Padre limpios de pecado. Los clavos, forjados con el desamor de nuestros pecados, se hunden en tu Santísimo Cuerpo. Gimes, oras por esta pobre humanidad. Al contacto con Tu Preciosísima Sangre, los clavos se transforman en clavos de amor, canales de Tu infinita Misericordia que se derrama copiosa sobre nosotros.

Yo también extiendo mis manos sobre mi pequeña cruz y me coso a ella con esos clavos de amor. Deseo estar Contigo, hacer lo que Tú haces, parecerme a Ti en todo, entregarme totalmente por amor a Ti. Mis heridas no sangran porque Tú ya derramaste toda Tu sangre. De mi cruz sólo mana Tu amor que ha elegido como cauce los clavos de mis manos. Te sirves de este pequeño gesto de amor y de generosidad, de olvido de mí, para seguir haciendo llegar tu amor a los hombres. Les gritas desde Tu Cruz y desde todas las cruces de los hombres sufrientes y dolientes: “¡Te amo!, Sí a ti, a ti que estás leyendo estas palabras, a ti que estás meditando sobre Mi Pasión, a ti que has elegido acompañarme en Mi Via Crucis, a ti que quieres imitarme.”

10ª ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Ya has llegado al lugar de la ejecución. Estás de pie, temblando de dolor y de vergüenza, mientras unas manos rudas te arrancan la ropa. Tus heridas se vuelven a abrir, ¿es que no te vas a reservar nada? ¿Todo te lo han, te lo hemos, de quitar?

Señor, recuérdame este momento de Tu camino, cuando me pregunte en medio de mis padecimientos, ¿hasta dónde me vas a seguir pidiendo? Señor, tengo que despojarme de todo, vaciarme completamente, para que sólo Tú vivas en mí. ¡Cuánto cuesta despojarse de sí! ¡Cuántas llagas se abren! ¡Cómo gimo por la pérdida de mi yo! “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” (Mc 8, 34) Tú ya has recorrido el camino para redimirme y para enseñarme. Yo, mi Señor, quiero seguirte. ¡Apiádate de mi imperfección!

martes, 27 de marzo de 2012

9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

¡Mi Señor, una vez más caes! ¡Ya no puedes más! ¡Estás agotado! El peso de nuestras maldades te aplasta. Jadeas, intentas agrupar Tus escasas fuerzas; pero Tú no llevas la Cruz con la fuerza de Tus hombros: Tu fuerza es el amor y, en Ti, es inagotable. El Amor fluye entre El Padre y Tú, se derrama sobre todos, incluyes a los que más te ofenden, y eso sí Te permite seguir. Una vez más Te levantas, cargas con la Cruz y vuelves a caminar, aunque sea casi arrastras.

Yo me vuelvo a ver por tierra con una cruz que cada vez me pesa más. ¡Ahora comprendo! Mi cruz me postra en tierra cuando la miro con ojos humanos, cuando me miro a mí mismo, cuando siento autocompasión o pienso que otros, en mis circunstancias, ya habrían sido aniquilados por tanta carga. Señor mío, aunque he comprendido que Tú también has caído bajo el peso de la Cruz y que la oración y el Amor al Padre han sido medios poderosos para ayudarte a seguir, es ahora cuando por fin comprendo: para amar la cruz, mi cruz, y abrazarme a ella, he de amarte a Ti sobre todas las cosas y a mi prójimo como a mí mismo. Debo aprender a darme por entero a los demás, desprendiéndome de todo lo que no seas Tú. Y con mi mirada fija en la Tuya, con mi corazón fundido en el Tuyo, por fin puedo recitar con alegría: “Nada me turba; nada me espanta; todo se pasa; Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta.” (“Nada te turbe” Santa Teresa de Jesús)

8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

Un grupo de mujeres piadosas al borde del camino llora al verte pasar. Te ven deshecho. En sus corazones aún resuena Tu predicación, en sus ojos permanecen tus milagros, en sus oídos queda el eco de Tu entrada triunfal en Jerusalén, en su interior, la perfección de Tu Vida. No pueden remediarlo: lloran, gimen por Ti, incrédulas sollozan desconsoladamente. Y Tú, en medio de Tu sufrimiento, te paras, percibes el dolor ajeno y consuelas.

Maestro, comprendo Tu enseñanza. A pesar de mis sufrimientos, debo aprender a no pensar tanto en mí, tengo que posar mi mirada en el prójimo, detectar sus necesidades y darme a ellos. Yo tengo que aprender a derramar Tu amor sobre ellos, a consolar, a enjugar sus lágrimas aunque las mías apenas me dejen ver sus rostros.

7ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

¡Otra vez Te ves postrado por tierra! ¡Casi no puedes más! La multitud se estremece: unos, los menos, se apiadan de Ti; otros, casi todos, redoblan sus burlas y sus insultos.

Señor, mi cruz me vuelve a aplastar. Otra vez siento el dolor de no saber abrazarme con más amor, de no poder amar el sufrimiento, las dificultades de mi vida. Te miro, veo que Tus labios resecos se mueven imperceptiblemente, ¿Te quejas? ¡No! ¡Estás orando! Hablas con Tu Padre Dios, ruegas por nosotros, Te ofreces, nos miras y Te alzas. ¡Merece la pena seguir adelante!

Otra lección más: ya sé que el peso de la cruz me va a postrar en tierra, pero ahora sé que la oración fortalece mi espíritu porque es el cauce del amor de Dios. Vuelvo a abrazar mi cruz, me levanto y sigo a mi Señor.

sábado, 24 de marzo de 2012

6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

Tanto dolor y sufrimiento conmueven a los demás. Así surge Verónica entre la multitud, valiente, decidida, piadosa que se postra ante Ti y enjuga con amor tu rostro deformado y ensangrentado. A ella no le importa lo que piensen los demás, tiene poco apego a su fama, no posee ojos más que para Ti. Ella es una prueba evidente de cómo el Padre se cuida de los suyos, de cómo cumple Sus promesas: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.” (Mt 5, 5)

Tú, mi Dios, que posees entrañas de misericordia, mueves el corazón de las personas y cuando alguien sufre, siempre hallas la forma de enviarle consuelo. La Verónica representa este consuelo humano que, olvidándose de sí, con su gesto alivia los padecimientos ajenos. Señor, ¡que pueda percibirlo! Que sea capaz de mirar fuera de mí y, sobre todo, ¡que no me olvide de agradecerlo!

jueves, 22 de marzo de 2012

5ª ESTACIÓN: JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO

Casi no puedes más. ¡Necesitas ayuda! Los soldados cogen al primer “don nadie” que encuentran, uno que no proteste, que no pueda negarse. Simón es obligado a llevar la Cruz, se siente humillado y ultrajado, su buen nombre se ve amenazado y quizá algunos le den la espalda en el futuro.

Señor, ¡qué diferente es cuando yo necesito ayuda! Tú eres mi Cireneo: nadie Te obliga, Te colocas a mi lado y tomas mi cruz, me miras con ternura y me das aliento y no Te importa lo que piensan los demás de nosotros. Yo Te miro y Te veo llagado, con la corona de espinas, caminando a mi lado y ya no sé quién soy: si el que carga con mi cruz o el que ayuda a llevar la Tuya.

martes, 20 de marzo de 2012

4ª ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Unos pasos más adelante, Te encuentras con María Santísima. ¡Qué dolor verla sufrir! ¡Cómo Te reconforta su amor de Madre! Ella Te infunde ánimo: comprende Tu sufrimiento, lo comparte; toma sobre sí parte de él y Te ayuda a sostener la Cruz. Sólo tiene ojos para Ti, su pensamiento eres Tú y su corazón desborda de amor. Te entrega su fortaleza y recibe Tu dolor.

En el camino de mi cruz, también mi Madre busca cómo encontrarse conmigo. Me sonríe, me mira con ternura, me consuela, aviva mi amor por Jesús y de esa forma el amor por mi cruz empieza a brotar. Ella está a mi lado, sufre conmigo, ¡me ama!

lunes, 19 de marzo de 2012

3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

¡Mi Señor ha caído bajo el peso de la Cruz! ¿Estás en tierra aplastado por el leño o por la maldad de los hombres? Tu cuerpo se resiente: aparecen nuevas heridas y las antiguas se abren; Tu dolor aumenta.

Señor, el peso de mi cruz también me aplasta, ¡no puedo Jesús! Mis pecados, mis infidelidades, mis dolores… Y bajo la cruz que me oprime, me entristezco porque me veo incapaz de seguir. Mi mayor dolor es no poder abrazarme a mi cruz con el amor con que Tú lo haces. Siento que me hundo y mis fuerzas me abandonan.

Pero Tú eres el camino, yo quiero seguir tus pasos y Tú también caíste bajo la Cruz. Señor, es natural caer ¡pesa tanto y soy tan pobre! Vuelvo a fijar mi mirada en Ti y Tú haces el resto por mí: llenas mis ojos de Tu amor que me fortalece y eso me ayuda a levantarme, a volver a abrazarme a mi cruz, a buscar Tus huellas para seguir Tu senda.

domingo, 18 de marzo de 2012

2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Señor, ya te han condenado a muerte. La Cruz está preparada, aguardándote. Tienes que tomarla y cargarla. Estás malherido, cansado, avergonzado de ser contado entre malhechores, dolido ante tanta ingratitud. Sin embargo, Tu amor es todopoderoso y Te abrazas a la Cruz. La cargas sobre Tus hombros con infinito amor y piensas en cada uno de nosotros, en mí también.

Jesús, ¿cómo puedo cargar con mi cruz que tanto dolor me causa?, ¿cómo acarrear tanto sufrimiento y tanta injusticia? ¡Mis hombros no pueden, Señor! Te miro, me miras y pareces decirme: “esta Cruz no puede llevarse con el cuerpo, has de llevarla con el corazón: la clave es el amor; pero si no sabes amar, no te preocupes. Yo estoy en tu corazón y pongo el amor que tú no tienes, mientras aprendes a imitarme.”

sábado, 17 de marzo de 2012

1ª ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE


“Ecce Homo”, dice Pilato ante la multitud rugiente que reclama la muerte de Jesús. Nuestro Señor ha sido apresado, juzgado y condenado injustamente. Llagado, en pie junto a Pilato, contempla a aquellos hombres que tanto ama. ¿Quién está al lado de Jesús proclamando la verdad? ¿Quién está allí confortándole? ¿Quién grita aún más fuerte que la muchedumbre “Tú eres Jesús, el Mesías, el Señor”?

Dios mío, ¿qué he de hacer yo cuando me acusan sin fundamento o cuando la vida o las circunstancias son tan injustas conmigo? Me fijo en Ti, mi Señor, en Tu mansedumbre, en Tu humildad, en Tu piedad, en Tu amor al prójimo. Aprendo a poner la otra mejilla por amor a Ti. Pero Tú me amas tanto, que no quieres que sufra hasta el extremo que Tú tuviste que padecer; por eso, cada vez que alguien me coloca ante una multitud embravecida y grita “Ecce Homo” señalándome con el dedo, Tú estás junto a mí mirándome con ternura, apoyándome con tu presencia y proclamando con decisión ante todos: “Esta es una de mis ovejas.”