miércoles, 29 de septiembre de 2010

SUSURROS DE AMOR

Todos los deseos buenos, conforme a la Ley de Dios, que nos ayudan a crecer en santidad y en bondad, son el susurro de Dios en nuestro corazón. Él nos invita a ascender por una espiral de Amor. ¿El límite? Esto depende de nosotros porque Dios es infinito.

martes, 28 de septiembre de 2010

ORACIÓN DE DESEO

Mi querido Jesús, siempre deseo hacerlo todo bien para Ti y para Tu Gloria y muy a menudo me doy cuenta de que tropiezo a cada paso. ¡Que no me conforme! ¡Qué siga luchando sin desfallecer! ¡Aumenta mi deseo! ¡Aumenta mi amor!

lunes, 27 de septiembre de 2010

INTIMIDAD

¡Existe una alegría tan profunda al vivir en intimidad con Dios! Es un gozo que inunda el alma que se eleva hacia el Señor descubriendo paisajes y conceptos insospechados. Y dura y dura…, llenando el alma por entero, atesorándose en la memoria para los tiempos de escasez.

domingo, 26 de septiembre de 2010

SOLEDAD



Alma:

¿Por qué siento soledad en el corazón?

¿Es para que Te busque sin cesar?

Jesús:

No, pero te ayudará.

Alma:

¿Es para que desee vivamente nuestra unión?

Jesús:

No, pero aumentará tu deseo.

Alma:

Entonces, ¿por qué?, ¿por qué esta soledad?

Jesús:

Porque te he dado un corazón tan grande, que sólo Yo puedo llenarlo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

¿OSCURIDAD?

Es de noche. Sin luz, sin estrellas, sin luna. Sólo oscuridad.

¿Los ojos?, abiertos, pero mirándome a mí.

¿Qué veo? Nada.

¿Qué huelo? Tristeza.

¿A qué sabe? A lágrimas de autocompasión.

¿Qué siento? Frío, ausencia.

¿Qué oigo? El eco de un Corazón palpitante de amor,

Su canción penetra en mi interior:

Búscame,

No Me ves, pero te amo,

Estoy aquí, junto a ti,

Nunca te abandonaría,

Estoy locamente enamorado de ti,

¿Cómo podría vivir sin ti?

Mi memoria, como un imán, tira de mí: ¡sal de ti misma!, ¡vuélvete y contempla!

Es de noche, sin luna, sin estrellas… ¡sin oscuridad!

jueves, 16 de septiembre de 2010

UN ESCAPARATE DE AMOR

Decimos que la Cruz es la señal del cristiano y, ciertamente, lo es. Pero donde nos equivocamos es en pensar que la Cruz es sólo sufrimiento y dolor. La Cruz es, ante todo, un escaparate de Amor, del Amor total de Dios por el Hombre que, por el pecado, se encuentra en un mundo hostil en el que el mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte están permanentemente presentes y tienen poder sobre él.

Amar es despojarme totalmente de mí, es perder la mirada de amor sobre mí misma, es vaciarme completamente de "yo" y morir a mi misma cambiando el universo del “yo” por los inmensos espacios abiertos de Dios, en los que puedo nutrirme del Amor que me conduce a la auténtica libertad. Así, mi Dios y Señor, en mi gran vacío, podrá colmarme de Su Amor, llenarme con Su Vida y hacer Su morada en mí. Es doloroso desprenderse de sí mismo, es muy doloroso olvidarse de sí mismo y los dolores, los sufrimientos de cada día, por la Cruz redentora de nuestro amado Jesús, han sido transformados en innumerables oportunidades de crecer en el Amor, de caminar por la senda que nos llevará al despojo total y a nuestra completa transformación en seres de Amor.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

STABAT MATER

María es la Madre que está, que siempre está. No importa cómo nos encontremos nosotros: cerca o lejos de Jesús; vivos a la gracia o muertos por el pecado; tristes o contentos; sanos o enfermos…

Nuestra Madre siempre nos tiene bien cogidos, abrazados tiernamente, porque ella es la mejor Madre del mundo y nos ama incondicionalmente porque nos ama como Dios nos amó.

domingo, 12 de septiembre de 2010

UN CORAZÓN SIN PUERTAS

Nuestro Dios y Señor es la Santidad, la suma Bondad y Perfección. Por eso, Dios nuestro Señor no puede tolerar ni la menor mancha, ni la menor imperfección. Lo Santo y Puro no puede coexistir con lo imperfecto y manchado.

Durante nuestra vida, tenemos numerosísimas oportunidades de acercarnos a Dios, de aprender a mirar en nuestro interior con Su Luz y así detectar, poco a poco, nuestros pecados, imperfecciones, manchas, sombras… presentándoselas a Dios nuestro Señor en el Sacramento de la Confesión, para que Él con Su inmensísimo a Amor por nosotros, pueda ir destruyendo todo el mal que hay en nuestros corazones.

Cada pecado, vicio, defecto, imperfección, mancha, impureza, desorden… es una puerta cerrada al Amor de Dios. Si deseamos que Dios nuestro Señor pueda adueñarse de nuestro corazón, tendremos que descubrir nuestras puertas cerradas y aprender a abrirlas de par en par.

Señor, yo quiero tener un corazón sin puertas, por el que puedas pasearte libremente, sin impedimentos. Señor, yo quiero que mi corazón sea Tu oasis, Tu descanso, Tu delicia.

¿Me ayudas?

“Cuando un hombre se vuelve más bueno, entiende cada vez con mayor claridad la maldad que aún lleva dentro. Cuando un hombre se vuelve más malo, cada vez entiende menos su propio mal.” C. S. Lewis

viernes, 10 de septiembre de 2010

¿AMOR CORRESPONDIDO?


¿Cómo me ama mi Dios y Señor?

Él me ha regalado la Creación, me ha dado la vida y sostiene mi existencia, por amor a mí Se ha hecho Hombre, ha entregado todos los instantes de Su vida terrenal en rescate por mi alma, Se ha hecho pecado para que yo pueda quedar limpia, ha sufrido en Su carne purísima todos los dolores y sufrimientos de mi vida, ha muerto por mí derramando hasta la última gota de Su preciosísima Sangre para que yo tenga Vida Eterna, ha resucitado gloriosamente inundando mi existencia de Luz y Gozo, ha vuelto a la Casa del Padre y allí está preparando amorosamente un lugar para mí, ha enviado al Divino Espíritu de Amor para que me guíe y abrase mi interior con el fuego de Su Amor, ha querido quedarse encerrado en la Eucaristía para unirse a mí del modo más íntimo posible…

¿Cómo me ama mi Señor? Ciertamente, ¡mi Dios me ama a lo grande!

Y yo, ¿cómo amo a mi Señor?

Deseo amarle con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente, con todo mi ser; pero mi deseo es más grande que mi obrar. Puedo amar a mi Señor con obras: preparar la comida, barrer el suelo, dar una clase, escuchar a una hija… todo puedo hacerlo por amor a Él; otra vez mi deseo es más grande que mis obras. Puedo encontrarme con mi Señor en la Eucaristía, en la oración, en la entrega incondicional a mis hermanos…; una vez más, mi deseo es mayor que mi obrar.

Mi amor es pobre, inconstante, débil, lleno de altibajos…, pero ¡quiero amar a mi Señor!

¿Cómo amo yo a mi Señor? Yo sólo puedo amar a mi Señor a lo pequeño, pero ¡Él es tan tierno y dulce con todo lo pequeño! ¡Gracias Señor por amarme tanto!

martes, 7 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ?


“Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.” (Flp 2, 6-11)

Ese Jesús ante el que toda rodilla se debe doblar en el cielo, en la tierra y en el abismo, Ése mismo, está locamente enamorado de mí.

lunes, 6 de septiembre de 2010

UN GRAN MISTERIO

“Señor, que yo me conozca como me conoces Tú.”

“Que yo me conozca.” Que conozca mis defectos, mis malas inclinaciones, mis sombras y oscuridades, que conozca todo lo que me separa de Ti.

“Como me conoces Tú.” Señor, ¿qué has visto en mí capaz de enamorarte a Ti? Tú eres Dios, el Eterno, el Inmutable, Todopoderoso, Dueño y Señor de todo lo creado, Rey del Universo… y yo, una pobre criatura pecadora. ¿Cómo es posible que siendo Tú Quien eres, estés locamente enamorado de mí, siendo yo quien soy? ¿Cómo es posible que me ames hasta el punto de hacerte Hombre y morir por mí? ¿Qué es lo que Tú sabes de mí que hace que Tu divino Corazón arda de amor por mí? Señor, quiero descubrirlo para aprender a amarme a mí misma, para poder amar a los demás como me amo a mí misma y para amar a todos como Tú los amas.

Este es el gran misterio que impregna mi existencia, que me llena de asombro y me inunda de gozo: ¡mi Dios y Señor está locamente enamorado de mí!

domingo, 5 de septiembre de 2010

TÚ SÍGUEME

"Dicho esto, añadió: "Sígueme." [Pedro y Jesús caminan por la orilla del lago.] Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: "Señor, ¿quién es el que te va entregar?" Viéndole Pedro, dice a Jesús: "Señor, y éste, ¿qué?" Jesús le respondió: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme." (Jn 21, 19-22)

¡Cuántas veces le decimos a Jesús “Señor, y éste, ¿qué?” señalando a nuestros hermanos por un motivo u otro! ¡Cuántas veces nos escandalizamos de lo que hacen los hermanos y qué pocas veces de lo nuestro! Y Jesús nos dice: “¿Qué te importa? Tú, sígueme”." Nos invita a ser personas interiores, a vivir en intimidad con Él, a dejarnos amar por Él y a penetrar en Su inmenso Amor. ¿Y los hermanos? “Amaos unos a otros como Yo os he amado.” (Jn 13, 34)

jueves, 2 de septiembre de 2010

EL CORAZÓN DE UNA MADRE


Cuando miramos a nuestros hijos, todo nuestro interior dice: “Tú sí eres carne de mi carne y sangre de mi sangre”. Dios nuestro Señor nos ha regalado cada hijo y ha grabado en nuestras almas maternales un profundo sentido de posesión. ¿Por qué? Para darnos la fuerza de luchar por nuestros hijos durante toda la vida. Por eso, la oración de una madre que ruega por la salvación de sus hijos, tiene tanta fuerza porque sólo las madres sabemos rogar, suplicar, implorar y llorar por nuestros hijos de un modo constante y desgarrador capaz de conmover el Corazón del mismo Dios.

“Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 18, 19). Madres queridas, unámonos en oración por la salvación de nuestros hijos. Os invito a ofrecer un Santo Rosario todos los viernes por esta intención. Si las madres nos unimos en oración a los Corazones maternales de Jesús y María, ¡qué no conseguiremos de nuestro Padre del Cielo!

Si nuestra fe fuera como un grano de mostaza… ¡Luchemos por nuestros hijos! Arranquemos a nuestros hijos de las manos del maligno. Que Santa Mónica bendita nos sirva de ejemplo.