domingo, 8 de julio de 2012

Señor, ten piedad


Señor, ten piedad.
Miro a mi Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, aún no encarnado, infinito. Un Dios sin rostro, imposible de conocer y abarcar en mi pobre humanidad. Tiemblo ante Su poder y majestad. ¡Qué grande es mi pequeñez!
Cristo, ten piedad.
Mi Jesús, Dios encarnado, viene hacia mí, con Su rostro sonriente, lleno de vida y de humanidad, me mira a los ojos y me tiende Su mano porque quiere ser mi Amigo. Tiemblo de emoción y sorpresa. ¡Dios me ama y viene a mí!
Señor, ten piedad.
Jesús, el Dios infinito, hecho hombre por amor, se encierra en un pequeño trozo de pan para ser uno conmigo. ¡Qué locura de Amor!
Y yo, pobre alma desagradecida, no sé acoger tanto Amor, por eso sólo puedo implorar Tu perdón, mi Dios y Señor, y dejarme abrazar por Tu inmensa Misericordia y llorar mi desamor sobre Tu ardiente Corazón.


sábado, 7 de julio de 2012

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES


Señor mío y Dios mío, Te adoro con profunda reverencia, Te reconozco como Dueño y Señor mío. Mi amado Jesús,  Te imploro por todos los sacerdotes, para que sean santos, para que aprendan a mirarte sólo a Ti, para que comprendan que lo dejaron todo para tenerlo TODO. Que vivan una fe profunda, alegre, contagiosa. Que al oírlos hablar comprendamos que Tú vives, que has vencido a la muerte y al dolor. Que Tu preciosísima Sangre tiene el poder de transformarlo todo en Amor y Gozo, aunque sea dolor de amor, gozo de dolor.
Jesús mío, toca los corazones de todos y cada uno de Tus amadísimos sacerdotes, conviértelos en hornos de caridad ardiente. Divino Espíritu de Amor, haz que esos corazones sacerdotales se transformen en volcanes de Amor que nos inunden, que abrasen nuestro pecado, nuestras maldades y nos transformen abriéndonos al mayor milagro: Dios encarnado que se hace alimento para vivir en mí. Gracias Señor mío por todos y cada uno de Tus queridos sacerdotes. Que nuestro gozo en Ti, traiga muchos obreros a Tu mies. Amén.

lunes, 4 de junio de 2012

Dejad que los niños se acerquen a mí


Un domingo, cuando comulgué me arrodillé en el banco y a mi lado estaba N., una niña de 8 años. Ella también estaba arrodillada, a pesar de no haber hecho aún su Primera Comunión. Nada más recogerme en mi acción de gracias, Jesús me dijo:
Jesús
Háblale (a la niña).
Alma
No, Jesús; este es nuestro momento de intimidad.
Jesús
Háblale.
Alma
(rodeando con mi brazo a N.) ¿Sabes a Quién tengo en mi corazón?
Niña
No.
Alma
¡A Jesús! ¡A Jesús! ¿Quieres que le diga algo de tu parte?
Niña
¡Sí!
Alma
¿Qué Le digo?
Niña
(Mirando mi corazón). Jesús, te quiero mucho.
Alma
Verás, Jesús está dentro de mí, Él está realmente presente dentro de mí y yo le estoy prestando mi oído y por eso Él acaba de escuchar lo que tú Le has dicho. También le estoy prestando mis ojos y Él te está mirando. Le estoy prestando mis labios y Él te está besando.
Niña
Entonces, ¿Jesús está ahora en las dos?
Alma
Sí y no. Jesús está en ti de una manera, pero en mí está realmente presente. Por eso, yo ahora puedo prestarle mi brazo para que Él te abrace (y en ese momento la abracé). ¿Ves? En esto consiste comulgar: podemos llevar a Jesús a todos los demás.
Después de esta conversación me recogí en oración y la niña se quedó arrodillada junto mí, hasta que terminó el tiempo de acción de gracias.
Una semana después, nada más acabar la Santa Misa, vino a buscarme y me dio un gran abrazo. Yo le dije:
Alma
¿Sabes Quién te ha abrazado?
Niña
Sí, Dios por medio de ti.
Y nos dimos otro abrazo en Jesús.
Gracias, Señor porque me haces testigo de Tu gran Amor.

sábado, 2 de junio de 2012

Casa de oración


«¿No está escrito: mi casa será casa de oración para todos los pueblos?” vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos». (Mc 11, 17)
Señor, ¿es mi corazón una casa de oración o una cueva de ladrones? Ladrones que me roban la paz, la alegría, la luz para ver Tus maravillas, la capacidad de amar incondicionalmente, el silencio interior...
Señor, conviérteme en casa de oración y adoración, en remanso de paz, en fuente de gozo, en casa abierta que abre sus puertas de par en par para que pueda penetrar Tu Amor.
Señor, concédeme la gracia de irradiarte a este mundo tan sediento y hambriento de Tu Amor. Sagrado Corazón de Jesús, admíteme a Tu ardiente Corazón. Amén.

domingo, 1 de abril de 2012

14ª ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

Tu vida tan prometedora hace una semana cuando entrabas en Jerusalén y eras aclamado como Rey, ¿en qué ha quedado? Un sepulcro nuevo para mi Señor. Envuelto en una sábana, ungido a toda prisa con perfumes, los que te aman depositan Tu Cuerpo en el sepulcro y la mayoría de ellos, también sepultan sus esperanzas y su fe vacilante.

Los hombres me miran en mi sudario y se ríen de mi “fracaso”, muchos también se burlan de mi confianza en Ti, creen que me has fallado. Yo, en el silencio del sepulcro, en la desnudez de mi muerte, repaso mi via crucis particular. Es entonces cuando todo mi dolor cae en tierra fecunda y se convierte en semilla de la que brota el amor. Un amor más robusto que crece hasta Ti, un amor hecho de Tu Amor por mí. Contemplo mi sufrimiento y lo que yo creía hasta ahora mismo que había sido donación de mí, se revela en mi interior con claridad: por medio de mis padecimientos he recibido incalculables tesoros de Amor de Dios, ¡cuántos beneficios han dejado en mi alma! y la acción de gracias por este dolor brota desde el fondo de mi corazón.

Sé que todo mi dolor ha sido aprovechado por Ti para amarme con más intensidad, para hacerme más permeable a Tu Amor, para llenar todo mi ser de Ti, de Tu Luz, de Tu Sabiduría, de Tus Dones… Quieres que Te ayude a derramar Tu Bondad sobre la humanidad, quieres que grite a todo el mundo cuánto nos amas. Es necesario que tú, que estás leyendo estas páginas, descubras que tú eres el alma predilecta de Jesús, Él tiene una historia de amor contigo. Espera a las puertas de tu alma y, a veces, se sirve de tu dolor para llamar. ¿Quieres abrir tu alma al Amor de los Amores?

13ª ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU SANTÍSIMA MADRE

José de Arimatea y otros hombres valerosos te desclavan de la Cruz. Te bajan con cuidado y amor infinitos hasta depositarte en el regazo de María Santísima, Nuestra Madre. Ella, anegada en llanto, Te abraza, Te cubre de besos, acaricia Tus heridas, revive cada golpe, cada latigazo. Pero su fe, su amor y el Tuyo la sostienen mientras te acuna como si aún estuvierais en Belén.

Yo también estoy en mi cruz, y creo que lo he dado todo, que he agotado mi sufrimiento, que me he vaciado del todo,… hasta que te miro a Ti: entonces me doy cuenta de la imperfección de mi sufrimiento, de mi pequeñez. Siento cómo Tus ojos amorosos se posan sobre mí y me doy cuenta de que Tú mismo me desclavas de mi cruz. Me bajas y me colocas en los brazos de mi Madre que me acoge y sostiene. Entonces, los dos me ungís perfumando con la mirra de Vuestros besos mi pobre alma agotada, extendéis el áloe de Vuestras caricias sobre las llagas de mi corazón y me envolvéis con gran delicadeza en le sudario de Vuestro amor, preparándome para la sepultura.

viernes, 30 de marzo de 2012

12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

La turba se burla de Ti, Te insultan, siguen sin comprender. Expiras. La Naturaleza llora, pues es más sabia que nosotros, los hombres, que somos los reyes de la creación. Todo está consumado: hemos matado a Nuestro Dios; yo te he matado; mis pecados te han clavado a la Cruz. ¡Sostén mi corazón para que no se rompa de dolor! ¡Señor apiádate de mí! Te pido perdón, lloro por todo mi desamor, gimo por el desamor de la humanidad entera.

Con Tu Muerte Santa me enseñas que hay que sufrir con generosidad, hasta agotar el sufrimiento porque aunque éste sea atroz, y nos parezca casi imposible de sobrellevar, un día se acaba, no es para siempre. A lo largo de mi vida podré llevar más de una cruz, algunas muy pesadas, pero al final me aguarda la resurrección y una vida de gloria junto a Ti, Mi Señor, para toda la eternidad. Tú, con Tu Muerte y Resurrección, la has conquistado para mí.

11ª ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Te tumbas sobre la Cruz, la misma que te aplastó durante el camino. Extiendes tus brazos, largos, amorosos, quieres abrazarnos a todos, llevarnos hasta el Padre limpios de pecado. Los clavos, forjados con el desamor de nuestros pecados, se hunden en tu Santísimo Cuerpo. Gimes, oras por esta pobre humanidad. Al contacto con Tu Preciosísima Sangre, los clavos se transforman en clavos de amor, canales de Tu infinita Misericordia que se derrama copiosa sobre nosotros.

Yo también extiendo mis manos sobre mi pequeña cruz y me coso a ella con esos clavos de amor. Deseo estar Contigo, hacer lo que Tú haces, parecerme a Ti en todo, entregarme totalmente por amor a Ti. Mis heridas no sangran porque Tú ya derramaste toda Tu sangre. De mi cruz sólo mana Tu amor que ha elegido como cauce los clavos de mis manos. Te sirves de este pequeño gesto de amor y de generosidad, de olvido de mí, para seguir haciendo llegar tu amor a los hombres. Les gritas desde Tu Cruz y desde todas las cruces de los hombres sufrientes y dolientes: “¡Te amo!, Sí a ti, a ti que estás leyendo estas palabras, a ti que estás meditando sobre Mi Pasión, a ti que has elegido acompañarme en Mi Via Crucis, a ti que quieres imitarme.”

10ª ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Ya has llegado al lugar de la ejecución. Estás de pie, temblando de dolor y de vergüenza, mientras unas manos rudas te arrancan la ropa. Tus heridas se vuelven a abrir, ¿es que no te vas a reservar nada? ¿Todo te lo han, te lo hemos, de quitar?

Señor, recuérdame este momento de Tu camino, cuando me pregunte en medio de mis padecimientos, ¿hasta dónde me vas a seguir pidiendo? Señor, tengo que despojarme de todo, vaciarme completamente, para que sólo Tú vivas en mí. ¡Cuánto cuesta despojarse de sí! ¡Cuántas llagas se abren! ¡Cómo gimo por la pérdida de mi yo! “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” (Mc 8, 34) Tú ya has recorrido el camino para redimirme y para enseñarme. Yo, mi Señor, quiero seguirte. ¡Apiádate de mi imperfección!

martes, 27 de marzo de 2012

9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

¡Mi Señor, una vez más caes! ¡Ya no puedes más! ¡Estás agotado! El peso de nuestras maldades te aplasta. Jadeas, intentas agrupar Tus escasas fuerzas; pero Tú no llevas la Cruz con la fuerza de Tus hombros: Tu fuerza es el amor y, en Ti, es inagotable. El Amor fluye entre El Padre y Tú, se derrama sobre todos, incluyes a los que más te ofenden, y eso sí Te permite seguir. Una vez más Te levantas, cargas con la Cruz y vuelves a caminar, aunque sea casi arrastras.

Yo me vuelvo a ver por tierra con una cruz que cada vez me pesa más. ¡Ahora comprendo! Mi cruz me postra en tierra cuando la miro con ojos humanos, cuando me miro a mí mismo, cuando siento autocompasión o pienso que otros, en mis circunstancias, ya habrían sido aniquilados por tanta carga. Señor mío, aunque he comprendido que Tú también has caído bajo el peso de la Cruz y que la oración y el Amor al Padre han sido medios poderosos para ayudarte a seguir, es ahora cuando por fin comprendo: para amar la cruz, mi cruz, y abrazarme a ella, he de amarte a Ti sobre todas las cosas y a mi prójimo como a mí mismo. Debo aprender a darme por entero a los demás, desprendiéndome de todo lo que no seas Tú. Y con mi mirada fija en la Tuya, con mi corazón fundido en el Tuyo, por fin puedo recitar con alegría: “Nada me turba; nada me espanta; todo se pasa; Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta.” (“Nada te turbe” Santa Teresa de Jesús)

8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

Un grupo de mujeres piadosas al borde del camino llora al verte pasar. Te ven deshecho. En sus corazones aún resuena Tu predicación, en sus ojos permanecen tus milagros, en sus oídos queda el eco de Tu entrada triunfal en Jerusalén, en su interior, la perfección de Tu Vida. No pueden remediarlo: lloran, gimen por Ti, incrédulas sollozan desconsoladamente. Y Tú, en medio de Tu sufrimiento, te paras, percibes el dolor ajeno y consuelas.

Maestro, comprendo Tu enseñanza. A pesar de mis sufrimientos, debo aprender a no pensar tanto en mí, tengo que posar mi mirada en el prójimo, detectar sus necesidades y darme a ellos. Yo tengo que aprender a derramar Tu amor sobre ellos, a consolar, a enjugar sus lágrimas aunque las mías apenas me dejen ver sus rostros.

7ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

¡Otra vez Te ves postrado por tierra! ¡Casi no puedes más! La multitud se estremece: unos, los menos, se apiadan de Ti; otros, casi todos, redoblan sus burlas y sus insultos.

Señor, mi cruz me vuelve a aplastar. Otra vez siento el dolor de no saber abrazarme con más amor, de no poder amar el sufrimiento, las dificultades de mi vida. Te miro, veo que Tus labios resecos se mueven imperceptiblemente, ¿Te quejas? ¡No! ¡Estás orando! Hablas con Tu Padre Dios, ruegas por nosotros, Te ofreces, nos miras y Te alzas. ¡Merece la pena seguir adelante!

Otra lección más: ya sé que el peso de la cruz me va a postrar en tierra, pero ahora sé que la oración fortalece mi espíritu porque es el cauce del amor de Dios. Vuelvo a abrazar mi cruz, me levanto y sigo a mi Señor.

sábado, 24 de marzo de 2012

6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

Tanto dolor y sufrimiento conmueven a los demás. Así surge Verónica entre la multitud, valiente, decidida, piadosa que se postra ante Ti y enjuga con amor tu rostro deformado y ensangrentado. A ella no le importa lo que piensen los demás, tiene poco apego a su fama, no posee ojos más que para Ti. Ella es una prueba evidente de cómo el Padre se cuida de los suyos, de cómo cumple Sus promesas: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.” (Mt 5, 5)

Tú, mi Dios, que posees entrañas de misericordia, mueves el corazón de las personas y cuando alguien sufre, siempre hallas la forma de enviarle consuelo. La Verónica representa este consuelo humano que, olvidándose de sí, con su gesto alivia los padecimientos ajenos. Señor, ¡que pueda percibirlo! Que sea capaz de mirar fuera de mí y, sobre todo, ¡que no me olvide de agradecerlo!

jueves, 22 de marzo de 2012

5ª ESTACIÓN: JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO

Casi no puedes más. ¡Necesitas ayuda! Los soldados cogen al primer “don nadie” que encuentran, uno que no proteste, que no pueda negarse. Simón es obligado a llevar la Cruz, se siente humillado y ultrajado, su buen nombre se ve amenazado y quizá algunos le den la espalda en el futuro.

Señor, ¡qué diferente es cuando yo necesito ayuda! Tú eres mi Cireneo: nadie Te obliga, Te colocas a mi lado y tomas mi cruz, me miras con ternura y me das aliento y no Te importa lo que piensan los demás de nosotros. Yo Te miro y Te veo llagado, con la corona de espinas, caminando a mi lado y ya no sé quién soy: si el que carga con mi cruz o el que ayuda a llevar la Tuya.

martes, 20 de marzo de 2012

4ª ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Unos pasos más adelante, Te encuentras con María Santísima. ¡Qué dolor verla sufrir! ¡Cómo Te reconforta su amor de Madre! Ella Te infunde ánimo: comprende Tu sufrimiento, lo comparte; toma sobre sí parte de él y Te ayuda a sostener la Cruz. Sólo tiene ojos para Ti, su pensamiento eres Tú y su corazón desborda de amor. Te entrega su fortaleza y recibe Tu dolor.

En el camino de mi cruz, también mi Madre busca cómo encontrarse conmigo. Me sonríe, me mira con ternura, me consuela, aviva mi amor por Jesús y de esa forma el amor por mi cruz empieza a brotar. Ella está a mi lado, sufre conmigo, ¡me ama!

lunes, 19 de marzo de 2012

3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

¡Mi Señor ha caído bajo el peso de la Cruz! ¿Estás en tierra aplastado por el leño o por la maldad de los hombres? Tu cuerpo se resiente: aparecen nuevas heridas y las antiguas se abren; Tu dolor aumenta.

Señor, el peso de mi cruz también me aplasta, ¡no puedo Jesús! Mis pecados, mis infidelidades, mis dolores… Y bajo la cruz que me oprime, me entristezco porque me veo incapaz de seguir. Mi mayor dolor es no poder abrazarme a mi cruz con el amor con que Tú lo haces. Siento que me hundo y mis fuerzas me abandonan.

Pero Tú eres el camino, yo quiero seguir tus pasos y Tú también caíste bajo la Cruz. Señor, es natural caer ¡pesa tanto y soy tan pobre! Vuelvo a fijar mi mirada en Ti y Tú haces el resto por mí: llenas mis ojos de Tu amor que me fortalece y eso me ayuda a levantarme, a volver a abrazarme a mi cruz, a buscar Tus huellas para seguir Tu senda.

domingo, 18 de marzo de 2012

2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Señor, ya te han condenado a muerte. La Cruz está preparada, aguardándote. Tienes que tomarla y cargarla. Estás malherido, cansado, avergonzado de ser contado entre malhechores, dolido ante tanta ingratitud. Sin embargo, Tu amor es todopoderoso y Te abrazas a la Cruz. La cargas sobre Tus hombros con infinito amor y piensas en cada uno de nosotros, en mí también.

Jesús, ¿cómo puedo cargar con mi cruz que tanto dolor me causa?, ¿cómo acarrear tanto sufrimiento y tanta injusticia? ¡Mis hombros no pueden, Señor! Te miro, me miras y pareces decirme: “esta Cruz no puede llevarse con el cuerpo, has de llevarla con el corazón: la clave es el amor; pero si no sabes amar, no te preocupes. Yo estoy en tu corazón y pongo el amor que tú no tienes, mientras aprendes a imitarme.”

sábado, 17 de marzo de 2012

1ª ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE


“Ecce Homo”, dice Pilato ante la multitud rugiente que reclama la muerte de Jesús. Nuestro Señor ha sido apresado, juzgado y condenado injustamente. Llagado, en pie junto a Pilato, contempla a aquellos hombres que tanto ama. ¿Quién está al lado de Jesús proclamando la verdad? ¿Quién está allí confortándole? ¿Quién grita aún más fuerte que la muchedumbre “Tú eres Jesús, el Mesías, el Señor”?

Dios mío, ¿qué he de hacer yo cuando me acusan sin fundamento o cuando la vida o las circunstancias son tan injustas conmigo? Me fijo en Ti, mi Señor, en Tu mansedumbre, en Tu humildad, en Tu piedad, en Tu amor al prójimo. Aprendo a poner la otra mejilla por amor a Ti. Pero Tú me amas tanto, que no quieres que sufra hasta el extremo que Tú tuviste que padecer; por eso, cada vez que alguien me coloca ante una multitud embravecida y grita “Ecce Homo” señalándome con el dedo, Tú estás junto a mí mirándome con ternura, apoyándome con tu presencia y proclamando con decisión ante todos: “Esta es una de mis ovejas.”