
“Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Jesús le dijo: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.” (Lc 23, 42-43)
Mi dulce Señor, que sepa aprovechar el tiempo de la misericordia para acogerme a Tu perdón. Siempre puedo acudir a Ti con mi corazón confiado, no quieres mi muerte, sino que viva. Mi Jesús, por mis infidelidades, faltas de amor y pecados, acudiré a Ti al final de mis días implorando Tu Misericordia y sé que me salvarás. Sin embargo, Amor mío, cuánto deseo no ser trabajador de última hora en Tu Viña, deseo soportar el calor del día, trabajar para Ti en la construcción del Reino, ayudándote, desde mi pobreza, a rescatar a cuantos pecadores sea posible.
Mi dulce Amor, ¡qué grande es Tu Misericordia y Tu Amor!, con una súplica tan sencilla, olvidas una vida llena de desamor. Sin reproches ni comentarios, sin recriminaciones; de Tus labios resecos surge Tu promesa quebrada por el dolor: “hoy estarás conmigo”.
Mi Jesús, por favor, nunca, nunca, nunca quiero dejar de estar Contigo. Para un alma enamorada, para un alma que quiere amar más y más cada día, ¡hay tanta arenilla de desamor! Pero Tú, mi Jesús, sabes cómo reconducir mis desamores, sabes cómo transformarlos en crecimiento espiritual, en leña que avive el fuego del Amor, en verdad y humildad.
Mi Jesús, acuérdate de mí porque hoy Te amé pobremente.

