domingo, 27 de marzo de 2011

PERDONÓ AL LADRÓN

“Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Jesús le dijo: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.” (Lc 23, 42-43)

Mi dulce Señor, que sepa aprovechar el tiempo de la misericordia para acogerme a Tu perdón. Siempre puedo acudir a Ti con mi corazón confiado, no quieres mi muerte, sino que viva. Mi Jesús, por mis infidelidades, faltas de amor y pecados, acudiré a Ti al final de mis días implorando Tu Misericordia y sé que me salvarás. Sin embargo, Amor mío, cuánto deseo no ser trabajador de última hora en Tu Viña, deseo soportar el calor del día, trabajar para Ti en la construcción del Reino, ayudándote, desde mi pobreza, a rescatar a cuantos pecadores sea posible.

Mi dulce Amor, ¡qué grande es Tu Misericordia y Tu Amor!, con una súplica tan sencilla, olvidas una vida llena de desamor. Sin reproches ni comentarios, sin recriminaciones; de Tus labios resecos surge Tu promesa quebrada por el dolor: “hoy estarás conmigo”.

Mi Jesús, por favor, nunca, nunca, nunca quiero dejar de estar Contigo. Para un alma enamorada, para un alma que quiere amar más y más cada día, ¡hay tanta arenilla de desamor! Pero Tú, mi Jesús, sabes cómo reconducir mis desamores, sabes cómo transformarlos en crecimiento espiritual, en leña que avive el fuego del Amor, en verdad y humildad.

Mi Jesús, acuérdate de mí porque hoy Te amé pobremente.

viernes, 25 de marzo de 2011

ROGÓ POR LOS QUE LE CUCIFICABAN


“Jesús decía: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lc 23, 34).

Señor mío, este es el pecado de los ignorantes, de los que no saben lo que hacen ni a Quién se lo hacen: son los ignorantes del Amor, los que a pesar de tenerte entre ellos, no Te conocieron.

¿Y yo, mi Jesús? ¡Cuántas veces hiero Tu Corazón lleno de amor por mí!, pero Tú ya estás rogando por mí al Padre, rogando para que me perdone, para que tanto amor haga sensible mi corazón, para que rompa la dureza del pecado y lo vuelva blando. Un corazón que se deje envolver en Tu Misericordia y amar por Tu ardiente Corazón. Un corazón como cera blanda en Tus Santas Manos, dócil a Tu Voluntad, que puedas modelar según Tu dulce Corazón, para la mayor Gloria de Dios, para mayor gozo, felicidad y dulzura de Tu criatura.

¿Cómo puedo vencer mi ignorancia? Acudiendo a Ti, mi dulce Maestro, dejándote instruirme en Tus sendas, permitiéndote conformarme en todo a Ti, mi amado Señor. Tú tienes un modo de obrar único, por eso me abandono en Ti, como un puñado de blanda arcilla que Tú, alfarero del Hombre, con tanto amor deseas modelar.