sábado, 12 de noviembre de 2011

Alma:

Jesús, ¡me miras y ves mi miseria!

Jesús:

Alma mía, te miro, veo tu miseria y... ¡te amo tanto!

martes, 19 de abril de 2011

EL ÚLTIMO SUSPIRO

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lc 23, 46)

Mi espíritu triste y agitado, oscuro y dolorido, agonizante, ¿puede estar en mejores manos que en las Tuyas, Padre mío?

¿Cuántas veces en mi vida me he olvidado de Tu Amor? ¿Cuántas veces vivo como si yo no Te importara o como si Tú no me amaras?

En Tus Manos, mi querido Papá, encomiendo todo lo mío. Tu Amor por mí es eterno, puesto a prueba, siempre vivo, con Tu mirada siempre sobre mí, que soy objeto de Tu Amor.

Padre, en esos momento en los que me encuentro tan sola y desvalida, tan llena de problemas y preocupaciones, cansada de las fatigas de la vida y, al mismo tiempo, vacía, como si algo fundamental me faltara, de lo profundo a Ti clamo mi Padre y Señor porque sé que Tú me librarás de todo lo que me aparta de Tu Amor, para que yo me dé cuenta de que Tú siempre me tuviste cogida en Tus amorosas Manos, bien cerca de Tu Corazón.

martes, 12 de abril de 2011

HASTA EL FIN

“Todo está cumplido.” (Jn 19, 30)

“Todo” mi Jesús, Tú también has llenado la tinaja de Tu entrega hasta el borde. Has completado perfectamente el trabajo de la Redención. Tu copa rebosa y por eso buscas corazones a los que colmar, ¡es tanto lo que nos has conquistado! ¡Es tanto lo que has logrado para cada uno de nosotros! Estás deseando compartirlo con todos, conmigo. ¿Y mi corazón? ¡Está tan lleno de otras cosas, que el vino de Tu Amor no cabe! Mi Jesús, ayúdame a vaciarme, a ser un recipiente vacío como Tu Madre Santísima.

Mi dulce Jesús, que puedas llenarme con Tu Amor tanto como deseas. ¡Pobres almas dormidas e ignorantes! ¡Pobres almas que no saben lo que Jesús les tiene preparado!

Mi Jesús, Tú eres el Gran Conquistador, dales a beber un poco de Tu dulce vino de Amor, toca sus corazones pues, aunque estén duros, podrán oír el eco de tu llamada.

Mi amado Jesús, que no nos dejemos engañar, que Tú nos has conquistado todo y todo nos lo quieres dar, que no llene mi alma de vinagre, de espejismos que tan vacía me hacen sentir. ¡Cómo vivir sin Ti! ¡Cómo vivir sin Tu Amor!

Mi Jesús, yo también quiero ser un alma de “todo”, un alma llena de Ti, un alma capaz de desbordarse en los corazones anhelantes de mis hermanos ignorantes. Señor, concédeme la gracia de dar de beber a tantos sedientos de amor auténtico como hay.

martes, 5 de abril de 2011

DIJO QUE ESTABA DESAMPARADO

“Elí, Elí, lama sabaktani? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34)

Mi dulcísimo Jesús, ¿por qué llamarías a Dios si tuvieras certeza de Su abandono? Tu lamento suena en mis oídos como un lamento de amor, del alma que ha perdido a su dulce Bien y queda a la deriva.

A veces, mi Jesús, Tú permites que me sienta así entonces, como Tú en la Cruz, en esos momentos lloro con más fuerza mi pérdida y ¿a Quién invoco, a Quién acudo con mi pobre corazón oprimido? A Ti, mi dulcísimo Amor. ¿Y cómo puedo acudir a Ti para lamentarme por Tu abandono? Porque yo sé, en lo más profundo de mi ser, que Tú jamás me abandonas, que estás siempre junto a mí, aunque las angustias, tristezas y oscuridades del momento me impidan verte.

Mi amado Señor, no quiero alimentar Tu oscuridad, quiero ser Tu almita amiga, esa alma que por Tu amabilísima gracia, nunca quiere apartarse de Ti, esa almita que se siente tan honrada de recibir las confidencias de Tu amoroso Corazón: está oscuro, duele, Me odian, desprecian Mi Amor… ¡Una pobre almita, consuelo de su Dios! Sí, mi Jesús, Contigo y junto a María, al pie de la Cruz, quiero que arda mi pobre amor como una lucecita que alivie en algo esta densa oscuridad.

Mi dulcísimo Amor, no quiero apartarme de Ti ni un instante, sobre todo ahora que Tú, el Rey del Universo, el Dueño y Señor de todo lo Creado, Te presentas al mundo pobre y desvalido, hundido en medio de Tu dolor y de Tu soledad.

lunes, 4 de abril de 2011

DIJO EN ALTA VOZ “TENGO SED” Y LE DIERON HIEL Y VINAGRE

“Tengo sed. Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de la caña una esponja empapada en el vinagre y se la acercaron a la boca.” (Jn 20, 28-29)

Mi Jesús, ¡Cuántas veces tienes sed de mí y yo Te doy hiel y vinagre! ¡Cuántas veces esperas mi amor, mi fidelidad, mi consuelo y apoyo y yo trato de apagar la sed de Tu Amor con mi comodidad, mi egoísmo, mi pereza, mi vanidad, mi falta de sensibilidad…!

Amor mío, ¡qué diferente es cuando yo me acerco a Ti y Te digo “tengo sed”! Tú nunca me das vinagre y aunque a veces acrecientas mi sed, es sólo para luego satisfacerme más generosamente, para darme más de Ti mismo, pues con el vino de Tu Amor mezclas el aroma de Tu gratitud.

Mi dulcísimo Amor, Alma de mi alma, que nunca más Te dé vinagre y si alguna vez estoy empapando mi esponja en el vinagre de la indiferencia, Madre mía bendita, intercede por mí ante tu Hijo bienamado y pídele que transforme ese vinagre en un dulce vino de amor. Mi amado Señor, que para Ti no hay nada imposible, que Tú eres especialista en hacer posible lo imposible. ¿No hiciste brotar agua de la roca?, transforma mi desamor, dulcísimo Señor, en ocasión de amarte cada vez más.

domingo, 3 de abril de 2011

ENCOMENDÓ SAN JUAN A LA MADRE Y LA MADRE A SAN JUAN

“Dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre.” (Jn 19, 26-27)

Mi dulce Amor, ya Te lo han quitado todo y Tú aún tienes más que darme: ¡Nos das a Tu Madre como madre nuestra! El premio de María es seguir trabajando por el Reino, ocuparse de cada Hombre con amor maternal, de llevarnos a todos y cada uno de nosotros (los asesinos de su Hijo, los asesinos de su Dios) a su tierno corazón, atrayéndonos con su dulzura al Corazón de Jesús.

Es la Madre cariñosa a la que podemos acudir cuando creemos que Tú, mi Dios y Señor, no nos escuchas. A nuestra Madre del Cielo la tenemos siempre y ella no calla, no puede callar porque es madre, porque su corazón maternal, imagen del Corazón maternal de Dios, está volcado en nosotros.

Madre mía, que nunca me olvide de ti, que nunca actúe como si estuviera huérfana de madre. ¡Tú me amas tanto! Y si Jesús es mi Maestro, tú eres la Discípula aventajada que me coges de la mano y me llevas a Jesús por esos atajos que tan bien conoces.

Mi dulce Jesús, quiero honrarte acudiendo mucho a está Mamá que me has regalado y tú, María, Madre mía, sé mi estrella, la estrella y la luz que me conduzcan definitivamente al Sagrado Corazón de Jesús.

domingo, 27 de marzo de 2011

PERDONÓ AL LADRÓN

“Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Jesús le dijo: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.” (Lc 23, 42-43)

Mi dulce Señor, que sepa aprovechar el tiempo de la misericordia para acogerme a Tu perdón. Siempre puedo acudir a Ti con mi corazón confiado, no quieres mi muerte, sino que viva. Mi Jesús, por mis infidelidades, faltas de amor y pecados, acudiré a Ti al final de mis días implorando Tu Misericordia y sé que me salvarás. Sin embargo, Amor mío, cuánto deseo no ser trabajador de última hora en Tu Viña, deseo soportar el calor del día, trabajar para Ti en la construcción del Reino, ayudándote, desde mi pobreza, a rescatar a cuantos pecadores sea posible.

Mi dulce Amor, ¡qué grande es Tu Misericordia y Tu Amor!, con una súplica tan sencilla, olvidas una vida llena de desamor. Sin reproches ni comentarios, sin recriminaciones; de Tus labios resecos surge Tu promesa quebrada por el dolor: “hoy estarás conmigo”.

Mi Jesús, por favor, nunca, nunca, nunca quiero dejar de estar Contigo. Para un alma enamorada, para un alma que quiere amar más y más cada día, ¡hay tanta arenilla de desamor! Pero Tú, mi Jesús, sabes cómo reconducir mis desamores, sabes cómo transformarlos en crecimiento espiritual, en leña que avive el fuego del Amor, en verdad y humildad.

Mi Jesús, acuérdate de mí porque hoy Te amé pobremente.

viernes, 25 de marzo de 2011

ROGÓ POR LOS QUE LE CUCIFICABAN


“Jesús decía: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lc 23, 34).

Señor mío, este es el pecado de los ignorantes, de los que no saben lo que hacen ni a Quién se lo hacen: son los ignorantes del Amor, los que a pesar de tenerte entre ellos, no Te conocieron.

¿Y yo, mi Jesús? ¡Cuántas veces hiero Tu Corazón lleno de amor por mí!, pero Tú ya estás rogando por mí al Padre, rogando para que me perdone, para que tanto amor haga sensible mi corazón, para que rompa la dureza del pecado y lo vuelva blando. Un corazón que se deje envolver en Tu Misericordia y amar por Tu ardiente Corazón. Un corazón como cera blanda en Tus Santas Manos, dócil a Tu Voluntad, que puedas modelar según Tu dulce Corazón, para la mayor Gloria de Dios, para mayor gozo, felicidad y dulzura de Tu criatura.

¿Cómo puedo vencer mi ignorancia? Acudiendo a Ti, mi dulce Maestro, dejándote instruirme en Tus sendas, permitiéndote conformarme en todo a Ti, mi amado Señor. Tú tienes un modo de obrar único, por eso me abandono en Ti, como un puñado de blanda arcilla que Tú, alfarero del Hombre, con tanto amor deseas modelar.