lunes, 4 de junio de 2012

Dejad que los niños se acerquen a mí


Un domingo, cuando comulgué me arrodillé en el banco y a mi lado estaba N., una niña de 8 años. Ella también estaba arrodillada, a pesar de no haber hecho aún su Primera Comunión. Nada más recogerme en mi acción de gracias, Jesús me dijo:
Jesús
Háblale (a la niña).
Alma
No, Jesús; este es nuestro momento de intimidad.
Jesús
Háblale.
Alma
(rodeando con mi brazo a N.) ¿Sabes a Quién tengo en mi corazón?
Niña
No.
Alma
¡A Jesús! ¡A Jesús! ¿Quieres que le diga algo de tu parte?
Niña
¡Sí!
Alma
¿Qué Le digo?
Niña
(Mirando mi corazón). Jesús, te quiero mucho.
Alma
Verás, Jesús está dentro de mí, Él está realmente presente dentro de mí y yo le estoy prestando mi oído y por eso Él acaba de escuchar lo que tú Le has dicho. También le estoy prestando mis ojos y Él te está mirando. Le estoy prestando mis labios y Él te está besando.
Niña
Entonces, ¿Jesús está ahora en las dos?
Alma
Sí y no. Jesús está en ti de una manera, pero en mí está realmente presente. Por eso, yo ahora puedo prestarle mi brazo para que Él te abrace (y en ese momento la abracé). ¿Ves? En esto consiste comulgar: podemos llevar a Jesús a todos los demás.
Después de esta conversación me recogí en oración y la niña se quedó arrodillada junto mí, hasta que terminó el tiempo de acción de gracias.
Una semana después, nada más acabar la Santa Misa, vino a buscarme y me dio un gran abrazo. Yo le dije:
Alma
¿Sabes Quién te ha abrazado?
Niña
Sí, Dios por medio de ti.
Y nos dimos otro abrazo en Jesús.
Gracias, Señor porque me haces testigo de Tu gran Amor.

sábado, 2 de junio de 2012

Casa de oración


«¿No está escrito: mi casa será casa de oración para todos los pueblos?” vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos». (Mc 11, 17)
Señor, ¿es mi corazón una casa de oración o una cueva de ladrones? Ladrones que me roban la paz, la alegría, la luz para ver Tus maravillas, la capacidad de amar incondicionalmente, el silencio interior...
Señor, conviérteme en casa de oración y adoración, en remanso de paz, en fuente de gozo, en casa abierta que abre sus puertas de par en par para que pueda penetrar Tu Amor.
Señor, concédeme la gracia de irradiarte a este mundo tan sediento y hambriento de Tu Amor. Sagrado Corazón de Jesús, admíteme a Tu ardiente Corazón. Amén.