miércoles, 30 de junio de 2010

MISCELÁNEA

ü Cristo es capaz de hilar muestro sufrimiento en amor y esperanza.

ü Un anciano es el que estaba antes.

ü Los silencios de Dios tienen su significado.

ü Dios habita en mi alma y hace de mi soledad un lugar de encuentro, de intimidad entre Él y yo.

ü Mi alma es como la luna: sólo resplandece cuando refleja la luz de Dios, sin su luz es un trozo de roca agujereado.

ü ¿Me conozco a mí misma porque soy humilde o soy humilde porque me conozco a mí misma?

ü Tú me pides como hombre, Yo te doy como Dios.

ü La ancianidad es el momento de la vida en que se hace más evidente que todo lo hace Dios.

ü Señor, ¿cómo puedes acogerme así después de lo mal que te he tratado?

"Cuando te veo ante Mí, todo se me olvida, sólo recuerdo que te amé hasta la muerte."

ü El Hombre se está animalizando. A medida que su humanidad disminuye, su sed de Dios y espiritualidad, también. Sólo le queda su parte emocional y funciona a base de sentimientos, emociones y sensaciones. El máximo bien, la anestesia: no sentir dolor.

martes, 29 de junio de 2010

¿DÓNDE MORAS?


Alma:

¿Dónde moras, Señor?

Jesús:

Ven y lo verás. Sígueme.

Mira Alma mía, ¿qué ves?

Alma:

Señor, veo una puerta cerrada que sólo se puede abrir por dentro.

Jesús:

Así son las puertas de todas las almas que no me dejan morar en su interior. Pero Yo no me rindo, aguardo, llamo y, sobre todo, espero y amo.

Ven, ¡sígueme!

¿Qué ves ahora, Alma querida?

Alma:

Señor, Te veo como en una sala de espera.

Jesús:

Estas son las almas que Me permiten morar en su interior, pero como una visita. La mayor parte del tiempo, Me dejan solo.

Ven Alma, aún quiero mostrarte algo más.

A ver qué te parece esto. ¿Qué ves?

Alma:

Señor, ¡veo un palacio preciosísimo y Tú estás radiante!

Jesús:

Estas almas son Mi delicia. Son aquellas que me acogen y hacen de Mí su huésped principal. No Me visitan porque viven en íntima unión Conmigo.

Alma:

Señor, ¿cómo puedo acogerte así?

Jesús:

Desea... y ¡pídemelo! Soy Tu Maestro y te Amo, ¡no podré resistirme a una llamada de amor!

sábado, 26 de junio de 2010

LA RENDIJA


¡Cuántas ocasiones de ganar almas, cuántas oportunidades de acercar los corazones al Señor! En mi trabajo pastoral, lo que más le pido a mi Señor es la “rendija”. Ante una puerta completamente cerrada, si se consigue abrirla un poquito, aunque sólo sea un milímetro, ¡ya tenemos una rendija! Eso es suficiente, porque el Señor sabe cómo colarse en las almas. En cuanto hay una rendijita, ¡cómo la aprovecha! Le digo al Señor: “vamos, Señor, que lo que Tú puedes hacer en un segundo, no puedo hacerlo yo en mil años; vamos, Jesús, que Tú eres el Gran Conquistador de almas; vamos, Dios mío, que no se diga…” ¿Y cómo podemos abrir una puerta herméticamente cerrada? Es difícil, pero tenemos la mejor palanca. ¿Y cuál es nuestra palanca? Nuestra palanca es el Amor de Dios, si podemos hacer que el alma lo huela, lo toque, lo saboree, ¡ya tenemos la rendija! Entonces nuestro Señor, que sabe hacerse tan pequeño, entra en el alma y empieza a conquistarla. ¡Es increíble! Nuestro amado Señor quiere que Le ayudemos a conquistar almas, a atraerlas al horno encendido de Su Corazón, a que puedan vivir una vida inundados por el Amor de Dios. No puedo menos que asombrarme ante nuestro Dios y Señor, Creador de Cielo y Tierra, Señor de todas las cosas, Rey del Universo, Todopoderoso…, que se declara impotente ante un alma cerrada y busca a pobres criaturas para que Le ayuden a conquistar almas.

jueves, 24 de junio de 2010

¿QUÉ ME PASA?

Mi amado Señor, ¿qué me pasa?, ¿por qué no quiero entrar en el aposento más secreto de mi alma y allí permanecer Contigo?, ¿por qué me empeño en seguir estando dispersa y agitada como Marta, y no busco escoger la mejor parte como María recogiéndome en Ti?, ¿por qué mi imaginación se empeña en correr como la loca de la casa por todas partes, agitando mi interior e impidiéndome entrar en contemplación silenciosa?

Salvador mío, ¿qué me pasa?, ¿por qué sigo sin romper las cadenas que me esclavizan?, ¿por qué me abrazo a ellas en lugar de abrazarme a Ti, mi único Salvador?, ¿por qué prefiero la esclavitud a la libertad?, ¿por qué me dejo deslumbrar por los placeres inmediatos y volátiles que me alejan de Tu cálida Luz?

Mi Dios y Señor, ¿qué me pasa?, ¿por qué mi amor propio y mi soberbia se adueñan de mi alma aliándose para gobernarla?, ¿por qué tantas veces escucho sus cantos de sirena en lugar de Tu dulce Voz?, ¿por qué mi “yo” se agranda constantemente impidiéndome ver mi auténtica pequeñez y pobreza?

Jesús de mi alma, ¿qué me pasa?, ¿por qué Te soy infiel una y otra vez?, ¿por qué me dejo arrastrar por mis pasiones una y otra vez entregándoles mi voluntad y permitiendo que salgan vencedoras en el combate?, ¿por qué no puedo hacer mía Tu Voluntad?

Señor, cuando contemplo mi miseria, me angustio, ¿por qué? Porque aún no estoy convencida de mi pobreza, de mi pequeñez, de mi nada. Sigo pensando que soy alguien y así, cuando “caigo” siempre lo hago desde “gran” altura y por eso me hago daño, me duele. Mi Jesús, ¿cómo puedo dejarme curar por Ti?

miércoles, 23 de junio de 2010

ORACIÓN DE UN POBRE PINCEL A SU SEÑOR


“Señor, no acabo de entender que Tú quieras contar conmigo para trabajar Contigo, por eso Te pido que grabes esto en mi corazón: aunque mis semejantes quieran algún día ver en el pincel al Artista, que no me olvide nunca de que soy un pincel; si un día llegara a contemplar el cuadro que Tú deseas pintar y pensara que es obra mía, que no me olvide que sólo soy un pincel; si algún día pensara que lo que me pides es imposible, recuérdame que soy un pincel y Tú el Artista. Por lo demás, Señor, trata a tu pincel como mejor Te sirva en cada ocasión y si ves que no soy útil, escoge a otro mejor que yo; aunque Te suplico desde el fondo de mi alma que nunca deje de servirte por mi falta de entrega y si escogieras a otro pincel, que sea tan sólo porque ése es Tu deseo y no porque yo Te haya fallado.”

martes, 22 de junio de 2010

BESANDO A DIOS

Esta imagen me ha enamorado desde el primer momento.

Lo que más me cautiva es la carita del Niño, esa mirada de hambre de amor que tiene y al mismo tiempo el gozo que experimenta por ser querido y no puedo evitar pensar en Jesús porque sé que a Él le pasa exactamente lo mismo.

¿Por que se hizo niño? Yo creo que para despertar la ternura de nuestros corazones, para iniciar en ellos un movimiento de amor hacia Él, amor que luego tanto necesitará en Su Pasión.

¿Y las manos de la Virgen? Con qué cariño abraza al Niño: su delicadeza, su amplitud, cómo lo arropa con su amor. Lo sostiene suavemente, pero el abrazo es tan envolvente,... que no puedo evitar pensar que ella es mi Madre y que, si yo me dejo, también querrá abrazarme así.

Por último el beso: los labios purísimos de María se posan sobre la mejilla de Jesús. El Amor amado por su criatura, ¡ese es el sueño de nuestro Dios! Él se deja querer y María parece concentrar todo su amor, por su hijo, por su Dios, en ese beso que se prolonga hasta las yemas de sus dedos que parecen hundirse en su propio corazón.

domingo, 20 de junio de 2010

¿DÓNDE ESTÁS?

"Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahvé Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahvé Dios por entre los árboles del jardín. Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»” (Gn 3, 8-9)

Esta pregunta «¿Dónde estás?», resuena en mis oídos de mil modos diferentes y me recuerda tantas veces como dejé solo a mi Señor. Oigo Su lamento que me llama porque en la oscuridad de Su noche está sólo y me busca, pues necesita consuelo. Oigo Su voz que me llama con amor, con un leve temblor en la voz, con la impaciencia del Amado que no puede aguardar ni un instante más para encontrarse con Su amada. Oigo Su voz débil y agitada en medio de los terrores de Su agonía de Getsemaní, “estoy solo” parece decirme, necesita el calor de un corazón amante que Le conforte en esas horas tenebrosas. Oigo Su voz que susurra con lengua reseca, desde la Cruz, buscando un alma que acompañe a Su Madre, un alma que le mire con amor y que con corazón valiente, en estas horas de derrota, pueda decir “aquí estoy, Señor”. Oigo Su voz gozosa que me llama lleno de alegría, pues quiere compartir conmigo la intensa felicidad que brota de Su Resurrección. Oigo Su voz que me llama con el deseo de no perderme nunca más, con el afán de tenerme siempre a Su lado, con Él, para que Él y yo seamos uno, para que nuestro amor ya no se disperse y mi transformación sea completa.

jueves, 17 de junio de 2010

EL BAMBÚ JAPONÉS

Había una vez una persona que tenía un trozo de terreno vacío. Un día, vino el Sembrador y le dijo: “tienes un trozo de tierra sin labrar; tú eres un buen cristiano, te conozco y sé que tienes mucho amor, paciencia y constancia. Por eso te pido que seas catequista[1]. Toma, te doy estas semillas que son muy especiales. Confío mucho en ti. Tienes que plantarlas y regarlas cada día. Si eres constante y no te desanimas, en su momento, verás el resultado de tus esfuerzos.”

El catequista, al principio pensó: “¿cómo voy a ocuparme de plantar estas semillas y cuidarlas? Ha dicho que hay que regarlas todos los días y yo ¿de dónde voy a sacar el tiempo? ¡Con lo ocupado que estoy!”

Por otra parte, estaba muy contento por el regalo y la confianza del sembrador, así que sin pensarlo más, fue a su terruño y plantó las semillas. Aquel mismo día las regó. Al día siguiente, volvió con ilusión a regar las semillas, no esperaba ver ninguna planta, claro, pero como eran unas semillas especiales…, quizá… ya había crecido algo. Pero, no, la tierra estaba igual que el día anterior.

Durante una semana las regó todos los días con ilusión y amor, pero la simiente seguía sin germinar. El catequista no se desanimó y siguió regando con ilusión. Pasaron seis meses de riegos diarios, y la semilla no germinaba, pero aquel catequista no se desanimaba y seguía regando con amor y constancia la simiente.

Dos años después, tuvo algunos momentos de duda: “estoy regando todos los días y aquí no brota nada. ¿Le pasará algo a estas semillas?” Pero el catequista se acordaba del Sembrador y sabía que Él no falla y si Él había dicho que la simiente era buena, algo brotaría de ella. Así que continuó regando cada día.

Tres años después, es decir, cinco, desde que plantó las semillas, tuvo un momento de desánimo. “¡Cómo es posible que con tanto esfuerzo no vea ningún resultado! ¡Aquí estoy, regando cada día y no brota nada! ¡Estoy perdiendo el tiempo!”

Entonces en su corazón oyó el eco de las palabras del Sembrador: “tú eres un buen cristiano…, te conozco…, estas semillas son especiales…, si eres constante…, si no te desanimas…” Entonces, por la fe que tenía en ese Sembrador tan bueno y sabio, el catequista siguió regando aquella tierra que ningún fruto le daba.

Durante siete años en total regó la tierra este catequista sin ver resultado alguno. Tuvo momentos de cansancio, de desánimo, quiso abandonar, protestó, se quejó, sintió lástima de sí mismo… Pero la mayoría del tiempo, trabajó con alegría, ilusión y amor, fiándose de las palabras del Sembrador, convencido de que algo estaba sucediendo aunque él no lo veía. La simiente era buena, eso ni dudarlo; la tierra también; él, regaba cada día, ¿entonces? Algo crecería allí, sin duda alguna.

Así, pocos días después del séptimo aniversario de haber plantado la simiente, el catequista vio con asombro e ilusión un pequeño tallo verde que sobresalía de la tierra. Su corazón se llenó de alegría, ¡no podía creerlo! ¡Por fin había brotado algo! Regó con más ilusión y entrega y pronto vio aparecer otro tallo. Cada día que iba a regar, aquellas plantas crecían y crecían. ¡Estaba entusiasmado! ¡Tanto crecieron que en seis meses llegaron a medir 30 metros de altura!

El catequista no salía de su asombro y no hacía más que dar gracias al Sembrador.

Un buen día el Sembrador regresó y le dijo: “Has hecho muy bien tu trabajo, has sido constante y tu fe te ha sostenido. Verás, esta planta es muy alta y necesita tener una raíz muy sólida para mantenerse erguida. Por eso tarda siete años en desarrollarse y hasta que la raíz no es firme y fuerte, la planta no puede crecer. Por eso digo: «dichosos los que trabajan sin ver resultados, los que tienen paciencia y son constantes, porque ellos Me permiten dar el crecimiento cuando la raíz es sólida.»”

Esta historia está basada en hechos reales: en la naturaleza existe una planta que necesita siete años para desarrollar su raíz y luego en seis meses puede crecer hasta 30 metros de altura, se trata del bambú japonés.


[1] Donde dice catequista puede leerse padre, madre, maestro, sacerdote, religiosa… Puede tratarse de un trabajo para servir a los demás o del trabajo que supone cuidar la propia alma.

martes, 15 de junio de 2010

JESÚS, ¿ME ENSEÑAS?

Señor, Tú y yo, aquí, los dos solos, en el silencio de la tarde-noche. ¡Cómo me gustan estos ratos de intimidad! Casi a oscuras. El Cristo que preside el altar, iluminado. Tú en el sagrario y yo en un banco. Te contemplo y me contemplas. Nos miramos en un coloquio de amor en el que nuestros corazones se encuentran y el silencio riega nuestra íntima conversación. Te miro y mi corazón se estremece porque sé que estás aquí, conmigo, los dos en la misma habitación. ¡Te "tengo" para mí sola!

Mi dulce Señor, quiero aprender a amarte más ¿me enseñas? Mira que yo no sé, Te necesito. Mira que yo sólo sé amar con este corazón roto que tengo, con este corazón ingrato que se olvida a cada instante de lo mucho que Tú le amas, con este corazón egoísta que tantas veces piensa en sí olvidándose de Ti.

Mi Jesús, deseo convertirme del todo a Ti, deseo no desear nada ni a nadie más que a Ti, deseo que ocupes todo mi ser de modo que toda mi existencia se gaste en una sola vocación: amarte, amarte y amarte sin descanso, noche y día, sin cesar, sin interrupción...


lunes, 14 de junio de 2010

LA ROCA

La roca sobre la que se asienta el edificio de mi fe, es el Amor, la certeza de que ¡mi Dios me ama! Si mi Dios, que es la Sabiduría infinita, me ama, entonces todo lo que sucede en mi vida es motivo de gozo y gratitud. Mi Señor sabe cómo transformar todos los acontecimientos de mi vida en ocasión de crecimiento espiritual para mí y de gloria y alabanza para Él. Como consecuencia de todo esto, mi confianza en mi Dios es total y, por tanto, puedo abandonarme en Él por completo, puesto que no existe mejor Capitán de mi barca que Él y esto me inunda de gozo y esperanza, ya que, pase lo que pase, sea lo que sea, todo puede ser transformado para la mayor gloria de mi Señor y bien de mi alma.

sábado, 12 de junio de 2010

¡VEN Y SÍGUEME!


Jesús:

¡Ven y sígueme!

Alma:

Señor, yo quiero seguirte, pero no hago más que tropezar.

Jesús:

Mírame, Alma querida, Mis Brazos están siempre abiertos para abrazarte y Mi Corazón, inflamado de Amor por ti, arde en deseos de perdonarte.

Alma:

Señor, yo Te pido perdón una y otra vez, pero siempre vuelvo a caer, a traicionar Tu Amor.

Jesús:

Alma mía querida, Yo conozco tu debilidad, por eso no Me aparto de tu lado y estoy siempre atento a Tus dificultades. Llámame siempre que Me necesites, estoy deseando derramar Mis gracias sobre ti.

Alma:

Señor, ¿cómo puedo agradecer todo el bien que me haces?

Jesús:

Desea vivamente acoger Mi Redención: que toda Mi Sangre derramada, que Mi Vida voluntariamente entregada por ti y Mis atroces sufrimientos, no sean inútiles para ti.

miércoles, 9 de junio de 2010

LOS OJOS, ESPEJO DEL ALMA

Dicen que los ojos son el espejo del alma, que reflejan el interior de cada persona.

¿Y los ojos? ¿Cómo miran los ojos?

Según el alma.

Las almas bondadosas, ven bondad.

Las egoístas, egoísmo.

Las que están llenas de amor, amor y amabilidad.

Las maliciosas, todos los defectos.

Las airadas, agresiones…

...“Cree el ladrón que todos son de su condición”.

¿Cómo veo yo a los que me rodean?

martes, 8 de junio de 2010

LAS SOBRAS

“No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.” (Mt. 14, 17-20)

“Y recogieron lo que sobró.” ¿Qué sobra en nuestras vidas? El pecado, el dolor, el sufrimiento, la soledad, la angustia, la ira, la ingratitud, la oscuridad, la traición…, pero nuestro amado Jesús recoge con amor todo esto que sobra y nos lo da como alimento para que crezcamos en humildad, santo abandono, generosidad, entrega, paciencia, sinceridad, pobreza, obediencia…

¿Qué sobra en tu vida? ¿Cómo lo recoge Jesús? ¿Cómo te alimenta? Hasta las situaciones más difíciles y duras de nuestras vidas son un motivo para dar gracias a Dios, para alabarle y asombrarnos ante un Dios Infinito y Todopoderoso capaz de transformar lo peor de nuestras vidas en esperanza luminosa, fe sólida y amor ardiente.

domingo, 6 de junio de 2010

¿POR QUÉ ES MÁS INTELIGENTE CREER QUE NO CREER?

NO CREYENTE:

Yo no creo en Dios. Tengo mis propios principios y objetivos en la vida. Procuro tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí. Me siento libre y bien, por eso disfruto de la vida y puedo decir que soy feliz.

CREYENTE:

Yo creo en Dios. Procuro vivir conforme a los Mandamientos de la Ley de Dios. Trato de ayudar a mis semejantes y tengo mi vida de oración y relación con Dios que me ama. Por ese amor siempre presente en mi vida y por la riqueza que mi fe me aporta, disfruto de la vida y puedo decir que soy feliz.

PRIMER ESCENARIO: DIOS NO EXISTE

Tanto el creyente como el no creyente han vivido su vida conforme a sus principios. Con la muerte, la existencia de ambos queda totalmente finalizada; por tanto, nunca sabrán quién de los dos tenía razón en su enfoque vital. Sin embargo, ambos confiesan ser felices en vida, así que podemos afirmar que los dos ganan con su planteamiento de vida, pues han logrado vivir una vida plena.

SEGUNDO ESCENARIO: DIOS SÍ EXISTE

Tanto el creyente como el no creyente han vivido su vida conforme a sus principios. El creyente buscando a Dios y el no creyente ha rechazando Su existencia. Con la muerte, ambos tendrán que rendir cuentas de sus vidas ante Dios. Nadie que realmente desee salvarse, se condenará y, por otra parte, a aquellos que vivieron apartados de Dios y persistieron en esta actitud hasta el final, les resultará muy difícil salvarse, pues mantendrán la visión de Dios que cultivaron en vida y en muerte también rechazarán a Dios. Así que al creyente le aguarda la salvación eterna (gana) y al no creyente, la condenación eterna (pierde).

OBSERVACIÓN

En ningún momento cuestionamos si la afirmación “disfruto de la vida y puedo decir que soy feliz” es cierta o no para ninguno de los dos, pues no tenemos derecho a dudar de la capacidad de nadie para saber si es feliz o no.

CONCUSIÓN

Como es evidente, el creyente, exista Dios o no, siempre gana, por tanto es más inteligente creer que no creer.

sábado, 5 de junio de 2010

MILAGRO DE AMOR



Querida alma mía, ¿alguna vez has deseado haberme conocido en persona?, ¿haber vivido durante los años en que Yo caminé por este mundo?, ¿haber compartido Conmigo mi época? ¿Sí? ¡Cuánto Me alegro! Porque Yo también quería vivir en la tierra al mismo tiempo que tú. ¡Te amo tanto! Por eso Me he quedado encerrado en la Eucaristía que es Mi gran milagro de Amor. Alma mía querida, llevo esperándote cerca de dos mil años, Mi Corazón arde de deseos de entrar dentro de ti. En cada una de tus comuniones exclamo con gozo: ¡por fin Soy carne de tu carne y sangre de tu sangre! ¡Deseo tanto tu intimidad! ¡Vivir los dos juntos en estrecha unión! ¿Quieres abrirme las puertas de tu corazón?

viernes, 4 de junio de 2010

EL TIEMPO


Ángel:

¿Cómo vas a crecer en el Amor si no dedicas tiempo al Señor?

Alma:

¿Qué tiempo? ¡Si no tengo tiempo!

Ángel:

Todas las almas tenéis el mismo tiempo: veinticuatro horas cada día.

Alma:

Tú no lo entiendes: estoy muy ocupada. Mi trabajo, mi familia, mis amigos… ¡también necesito tiempo libre! ¿No?

Ángel:

Muchas veces vuestro sentido de de falta de tiempo es ilusorio: un momento estáis angustiados por la prisa y a la vuelta de la esquina os encontráis con un conocido y os paráis a hablar largo rato.

Alma:

Es verdad, pero ¿de dónde saco tiempo para el Señor?

Ángel:

No te preocupes, el Señor también es Señor del tiempo. Ponle a Él en primer lugar y verás cuánto más podrás hacer con tu tiempo.

jueves, 3 de junio de 2010

ESCUELA DE AMOR

Estudiantes: todas las almas.

Lugar: el Mundo.

Tiempo: una vida entera.

Materia: Amor

Temario:

  1. Descubrir que soy amada.
  2. Aprender a amar a Dios.
  3. Aprender a amarme a mí misma.
  4. Aprender a amar a los demás.
  5. Vivir y crecer en el Amor.

Examen:

  1. Único.
  2. Preguntas: ¿Amaste?
  3. Fecha: al final de la vida.

Criterios de evaluación:

  1. Cada alma será llamada en su mejor momento: bien para obtener la mejor calificación posible, bien para no agravar un resultado pobre.
  2. Toda buena acción, por insignificante que sea, será tenida en cuenta.
  3. Se le aplicarán al alma todos los atenuantes posibles.
  4. Todas las almas que se presenten al examen en pecado mortal sin arrepentimiento de última hora, suspenderán.

Calificaciones:

  1. Matrícula de Honor = “Amó a Dios y a los hermanos”: promoción directa al Cielo.
  2. Sobresaliente, notable, bien y suficiente = “Amó a Dios y a los hermanos, a veces”: tiempo de llanto por no haber amado más y de purificación del amor en el Purgatorio.
  3. Aprobado por los pelos = “No amó a Dios ni a los hermanos la mayor parte de su vida, pero se arrepintió a tiempo y cambió su elección”. Larga estancia en el Purgatorio, pues hay mucho que llorar y purificar.
  4. Suspenso = “Escogió no amar ni a Dios ni a los hermanos”: condenación eterna. Directamente al Infierno, totalmente apartada de Dios para siempre. Pudiendo escoger el Amor, prefirió el odio. Ni quiere ni puede cambiar su elección porque rechaza a Dios.

miércoles, 2 de junio de 2010

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Jesús:

Alma mía, este es Mi Corazón que arde de amor por ti.

Alma:

¿Tanto me amas?

Jesús:

¡Mucho más de lo que puedas imaginar!

Alma:

¿Qué he hecho yo para merecer tanto amor?

Jesús:

Nada. Mi amor es gratuito.

Mira, Alma mía, Mi Corazón está abierto, invitándote a entrar, ¿quieres pasar?

Alma:

¿Y qué me encontraré si entro en Tu Corazón?

Jesús:

La inmensidad de Mi Amor.