lunes, 31 de mayo de 2010

MINUSVÁLIDO POR AMOR


Alma mía querida, ¡mírame! Por amor, soy un pobre minusválido: no tengo brazos, ni piernas; en todo dependo de Mis amados hombres. Necesito que Me cojan, Me traigan, Me lleven… Si Me maltratan, no Me puedo defender. Si Me roban, no puedo gritar. Aunque no dejo de abrazar, ni ceso de consolar, ¡qué pocas almas reciben Mis caricias de Amor! Si bien oigo el murmullo incesante de las almas, veo lo invisible y hablo en el silencio, para muchos soy sordo, ciego y mudo.

Por eso, Alma mía amada, cada día te espero con impaciencia. Te necesito, pues cuando tú comulgas, nuestros seres se funden en el abrazo más íntimo inimaginable. Tú te empapas de Mi Divinidad y Yo me empapo de tu humanidad y así, cuando sales del templo, Yo tengo manos, pies, ojos, oídos, labios, voz… y los dos juntos, tú y Yo, podemos irradiar Mi Amor a cuantos nos rodean.

domingo, 30 de mayo de 2010

SABIDURÍA

  • ¿Cuál es el requisito indispensable para poder aprender? No saber.
  • El sabio sabe que no sabe, mientras que el ignorante lo sabe todo. Por eso, el ignorante sigue siendo ignorante y el sabio continúa creciendo en sabiduría.
  • En las cosas de Dios, ¿eres sabio o ignorante?

sábado, 29 de mayo de 2010

ORACIÓN

Alma:

Jesús, vengo a charlar un rato Contigo.

Jesús:

¡Cuánto me alegro, Alma mía! ¡Tengo tanta sed!

Alma:

¿Qué puedo darte para aliviar Tu sed?

Jesús:

¡Ámame! Estoy sediento de tu amor.

Alma:

¿Cómo puedo amarte?

Jesús:

¡Deséalo con todo tu corazón! Y… ¡pídemelo!

Alma:

¿Así de fácil?

Jesús:

Así de sencillo.

viernes, 28 de mayo de 2010

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

Dios Nuestro Señor nos ama tiernamente, nos ha creado por amor y por amor se ha estado comunicando con nosotros desde el principio de los tiempos. Por amor, Dios, se encarna en la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y se hace Hombre y continúa hablándonos de Sí mismo.

Dios es una Persona a la que podemos conocer y tratar. Conocer a Dios significa adentrarse en Él, entrar en contacto con Su intimidad y, sobre todo, percibir Su gran amor por nosotros. Mi relación con Dios es personal. No sabría explicar qué es lo que más me impresiona de Dios, creo que todo lo que está relacionado con Él me desborda. Percibo pobremente cómo me ama, ¡tan tiernamente! Y Su fidelidad me conmueve mucho. Por eso cuando me adentro en las verdades de Fe (todas ellas me hablan de mi Señor y me ayudan a conocerle mejor), trato de utilizar mi entendimiento; pero siempre llego a un punto en el que me encuentro con el misterio y ya no puedo penetrar más. En ese momento, yo tengo que hacer mi acto de Fe: “Señor, mi mente no comprende, esto escapa a mi razón, pero yo creo porque eres Tú Quien me lo dice.”

Ahora, ¿por qué puedo confiar en el Señor? ¿Por qué puedo creer en el misterio? Sobre todo porque entre Dios y yo hay una relación de amor, porque sé que Él me ama y sé que yo quiero amarle también, aunque mi vida esté llena de infidelidades. Es, por tanto, el amor el que me impulsa a creer y, al mismo tiempo, la Fe es la que me descubre más y más a mi Dios, Su persona, y este conocimiento alimenta mi amor.

Por otra parte, la Esperanza es como la Fe en estado líquido. La Fe es sólida, como la roca porque es base y fundamento; pero la Esperanza es más ligera porque es la que une el Cielo y la Tierra; lo divino y lo humano; la promesa y la realidad. Es la que alimenta mi deseo de amar más, de crecer más, de unirme al Señor, de vivir una vida más santa. La Fe me dice que puedo ser santa y la Esperanza es la que me mantiene en movimiento en mi camino de santidad. Es la que me susurra al oído: “es posible, es posible, es posible...” y por eso no me desanimo y puedo seguir adelante, es la que me alienta a creer. Espero porque amo y porque amo, creo en lo que espero. Fe, Esperanza y Caridad no pueden separarse, están íntimamente unidas.

miércoles, 26 de mayo de 2010

¡DIOS ME AMA!

¡Dios mío, cuánto me amas! Y me amas porque soy para Ti Tu criatura preciosa, tanto que has dado Tu Vida por mí. Tú me amas de un modo único, me amas como soy, como soy de verdad, porque sólo Tú me conoces completamente. Tú ves todas mis limitaciones, mis infidelidades y pecados, Tú ves mis deseos y mi pobreza y a pesar de lo que soy, me amas tiernamente. Tú me esperas porque eres fiel, Tú eres la Roca viva que me invita a edificar mi vida sobre Ti.

Haga lo que haga Tu Amor permanece siempre sobre mí: si Te doy la espalda y me niego a recibirte, ¡Tú me amas!; si soy infiel y peco contra Ti, ¡Tú me amas!; si Te digo “sí”, pero luego hago “no”, ¡Tú me amas! ¿Me amas siempre? ¡Sí! Me amas sin juzgarme, sin reprocharme nada, me amas en una espera paciente e impaciente, me amas queriendo abrasarme de amor, me amas con dulzura y ternura infinitas. Me amas aunque fracase, aunque me olvide de Ti, aunque maltrate a los que me aman, aunque Te maltrate a Ti. Haga lo que haga, Tu mirada amorosa siempre recae sobre mí.

Tu paciencia es infinita, porque me esperas siempre, pero también estás impaciente porque ¡deseas tanto que yo Te ame! ¿Me amas más si Te amo? Creo que si yo Te amo, Tú Corazón salta de alegría porque entonces Tú puedes colmarme con Tu amor; porque entonces yo puedo ser feliz porque Tu Amor abrasa mi ser.

Cuanto más me dejo amar por Ti, más puedo amarte, porque Tú dilatas mi corazón y me instruyes en Tu Amor. Eres un sediento de amor, no porque necesites recibir mi amor, sino porque Tú eres el Amor y me amas tanto que si yo soy feliz, Tú vibras de emoción.

Tú me has creado a Tu imagen y semejanza, por eso mi corazón también está sediento de amor. Sin embargo, siempre quisiste cortejar mi corazón Tú mismo, por eso has puesto en mí un anhelo de amor infinito que sólo Tú puedes colmar. ¡Gracias, Señor, por amarme tanto!

martes, 25 de mayo de 2010

La Fe

  1. La búsqueda que exige a la fe certezas que la fe no puede dar, conduce invariablemente al vacío, a la nada.
  2. La roca sobre la que se asienta mi vida es la certeza de que Dios me ama y que Él es infinitamente sabio. Por eso cuando me encuentro con el misterio y mi mente ya no puedo penetrar más, ha llegado el momento de hacer mi acto de Fe: “Señor, mi mente no comprende, esto escapa a mi razón, pero yo creo porque eres Tú Quien me lo propone.”
  3. Nuestra fe es como un imán que atrae la acción de Dios sobre nosotros.
  4. Fe significa poder ver a Dios en los momentos en los que Él se hace más invisible.
  5. Afortunadamente, no tengo que comprender a mi Dios y Señor, sólo tengo que amarle.

lunes, 24 de mayo de 2010

EL PERDÓN DE DIOS

Algunas veces decimos “esto no tiene perdón de Dios”, pero nos equivocamos, porque Dios todo lo perdona, Él goza perdonando y, como dice la Escritura, “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” (Lc 15,7)

Cuando pecamos, nuestro Señor “se entristece”, no tanto por la ofensa infinita que supone el pecado, sino por el daño que el pecado nos hace a nosotros mismos. Nos cierra al Amor de Dios y corta nuestra comunicación con Él. Dios sabe cuánta infelicidad se esconde en el pecado y Él, que nos ama tiernamente, estaría dispuesto a volver a morir por cada uno de nosotros, con tal de vernos retornar a Su Amor.

Cada vez que acudimos al Sacramento de la Confesión, nos acogemos al abrazo misericordioso de Dios. Siempre salimos absueltos. Pero como todo aquello que tiene relación con nuestro Señor, cada uno recibe según sus disposiciones. Si estamos pobremente abiertos al Amor, pobremente recibiremos; si estamos cerrados, el Amor no podrá penetrar en nosotros; pero si estamos abiertos de par en par, Su Amor nos inundará, nos llenará.

Por eso dice el Señor “quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.” Lc 7, 47. La cantidad de pecados que estamos dispuestos a confesar, a menudo son directamente proporcionales a nuestro amor; es decir, aquel que ama mucho, podrá ver con más claridad todo lo que estorba al Amor de Dios en su alma y sentirá un vivo deseo de acogerse a la Misericordia Divina y a la gracia sacramental, con la ilusión de hacer todo lo posible por ir eliminando esos obstáculos. Sin embargo, aquel que ama menos, es posible que ni siquiera se considere pecador, sino una buena persona que no roba, ni mata.

Existe una gran diferencia entre aspirar a ser buena persona y determinarse a ser santos. En nuestras manos no está alcanzar la santidad, sólo podemos disponernos para que nuestro Señor nos dé el incremento y nos eleve hacia Él, cuando Él lo decida. Pero es importante recordar, que Dios siempre nos colmará según el recipiente que le presentemos: podemos aspirar a ser dedal, piscina olímpica o inmenso océano. El grifo del Amor de Dios siempre está abierto con el mismo caudal, el recipiente, lo ponemos cada uno de nosotros.

viernes, 21 de mayo de 2010

¡PODEMOS CAMBIAR EL MUNDO!

Ante los graves problemas de la humanidad, cuántas veces exclamamos impotentes ¡y yo qué puedo hacer para resolver este problema! No somos gobernantes, ni ricos, ni poderosos y así parece que no contamos con ningún medio, que todo queda fuera de nuestro radio de acción.

Sin embargo, esto es falso porque los grandes cambios no se producen gracias a medidas gubernamentales, ni a ideas felices de poderosos. A menudo ni siquiera hacen falta grandes medios. Lo que transforma el mundo son las personas, personas que son testigos, que viven conforme a sus principios, con coherencia (aunque por debilidad fallen muchas veces) y que contagian su modo de pensar a otros.

Todas las vidas están relacionadas, se tocan unas a otras y sin querer, casi sin proponérnoslo, influimos en los demás y ellos influyen en nosotros. No sabemos exactamente cuántas vidas habremos tocado a lo largo de nuestro tiempo, ni somos conscientes de hasta qué punto el mundo es un lugar mejor o peor gracias a nosotros. Por eso tenemos un gran poder en nuestras manos, que usado sabiamente, sí puede cambiar el mundo.

Me impresionan especialmente dos personas, de origen humilde (ni ricos ni gobernantes) que, viviendo conforme a sus principios, han cambiado el mundo para muchas personas: Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta.

Por eso creo que no debemos perder la esperanza, no podemos tirar la toalla pensando que no podemos hacer nada, ¡sí podemos! Podemos mejorar nuestro entorno, podemos crear una corriente de amor que ¿quién sabe hasta dónde llegará?, podemos promover el trato amable, el piensa bien y acertarás, el amor incondicional que brota de querer vivir según el mandamiento del amor: “amaos unos a otros como yo os he amado”… Podemos cultivar la mirada de esperanza, tratando de ver en los demás su mejor “yo”; podemos aprender a confiar los unos en los otros; a disculpar, en lugar de culpar; a ayudar desinteresadamente; a sonreírnos unos a otros; a crear una corriente de amabilidad y simpatía a nuestro alrededor… ¡Cuánto podemos hacer!

Sólo yo puedo escoger cómo vivir mi vida: pasiva, quejándome, reaccionando, aburrida… o activa, dinámica, ilusionada, gozando, disfrutando de cada instante, amando a Dios y a Dios en los hombres… ¡Tú elijes! ¡Bienvenidos a la esperanza!

Para compartir:

Esta película, en su día me descubrió que mi vida es importante y que puedo hacer mucho para mejorar o empeorar mi entorno: “¡Qué bello es vivir!” (“It's a Wonderful Life”), 1946, de Frank Capra.

PRESENTACIÓN

Hoy comienzo este blog con mucha ilusión. Deseo que sea un medio para adentrarnos en el Corazón de Jesús, para descubrir cuánto nos ama y así podamos aprender a amarle cada día más.

El Amor de Dios es tan indescriptible que sólo nos permite balbucear como niños pequeños. Nuestros corazones y nuestras mentes, se ven desbordados ante tanto Amor y lo único que podemos percibir son pequeños destellos, pequeñas pinceladas de Amor que se hacen presentes en nuestras vidas, iluminándolas, transformándolas en ecos de eternidad.

Os invito a peregrinar al amable Corazón de Jesús, a adentrarnos en Él compartiendo nuestras experiencias y enriqueciéndonos mutuamente.

¿Mi deseo? “Fuego he venido a traer a la tierra y qué quiero sino que arda”, dice Jesús por boca de S. Lucas. Aunque seamos pequeños y parezca que no podemos hacer nada, al menos tenemos la fuerza de una cerilla y una sola cerilla sí puede provocar un gran incendio de amor, amor que tanto nos ayudaría a superar la mayoría de los problemas que hoy padecemos.