
Señor, soy pobre y pequeña. Mira mis manos: vacías. ¿Qué puedo hacer yo? Poco. Por eso, mi Señor, pongo mis manos en Tus Manos, mi debilidad en Tu Fuerza, mi pobreza en Tu Abundancia, mi egoísmo en Tu Amor y… cuando miro mis manos, ¡ya no están vacías porque Tú has puesto el fruto en ellas!

No hay comentarios:
Publicar un comentario