«¿No está escrito: mi casa será casa de oración para todos los
pueblos?” vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos». (Mc
11, 17)
Señor, ¿es mi corazón una casa de oración o una cueva de
ladrones? Ladrones que me roban la paz, la alegría, la luz para ver Tus
maravillas, la capacidad de amar incondicionalmente, el silencio interior...
Señor, conviérteme en casa de oración y adoración, en remanso de
paz, en fuente de gozo, en casa abierta que abre sus puertas de par en par para
que pueda penetrar Tu Amor.
Señor, concédeme la gracia de irradiarte a este mundo tan sediento y hambriento de Tu Amor. Sagrado Corazón de Jesús, admíteme a Tu ardiente Corazón. Amén.
Señor, concédeme la gracia de irradiarte a este mundo tan sediento y hambriento de Tu Amor. Sagrado Corazón de Jesús, admíteme a Tu ardiente Corazón. Amén.


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