Señor,
ten piedad.
Miro a mi Dios,
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, aún no encarnado, infinito. Un Dios
sin rostro, imposible de conocer y abarcar en mi pobre humanidad. Tiemblo ante
Su poder y majestad. ¡Qué grande es mi pequeñez!
Cristo,
ten piedad.
Mi Jesús, Dios
encarnado, viene hacia mí, con Su rostro sonriente, lleno de vida y de
humanidad, me mira a los ojos y me tiende Su mano porque quiere ser mi Amigo. Tiemblo
de emoción y sorpresa. ¡Dios me ama y viene a mí!
Señor,
ten piedad.
Jesús, el Dios
infinito, hecho hombre por amor, se encierra en un pequeño trozo de pan para
ser uno conmigo. ¡Qué locura de Amor!
Y yo, pobre alma
desagradecida, no sé acoger tanto Amor, por eso sólo puedo implorar Tu perdón,
mi Dios y Señor, y dejarme abrazar por Tu inmensa Misericordia y llorar mi
desamor sobre Tu ardiente Corazón.


No hay comentarios:
Publicar un comentario