sábado, 10 de julio de 2010

AL ATARDECER DE LA VIDA...

Sé que este tiempo que es mi vida, me lo ha regalado el Señor para que Le busque, Le encuentre y, sobre todo, Le ame. Pase lo que pase lo único real, lo único cierto es que ¡Dios me ama! Y esta verdad inunda mi vida convirtiéndola en luminosa y alegre, porque no hay nada que pueda acallar la certeza de Su Amor incondicional. Este es el gran descubrimiento, el tesoro por el que venderemos todo, esta es la clave de la existencia superior a la que estamos llamados.

Esta vida es nuestra escuela de amor y al atardecer nos examinarán, pero nuestro examen sólo tendrá una pregunta: ¿Amaste? Y Nuestro Señor se conforma con poco, a menudo un “uno” es suficiente para aprobar. Para una sociedad consumista como la nuestra, que se empeña en acumular “riquezas”, es una gran noticia el hallazgo de un tesoro que sí podremos sacar de este mundo y que cuanto más acumulemos, mejor. ¿Qué tesoro es este? El amor, ¡claro!

“Ama y haz lo que quieras”. Amar es peregrinar al Corazón de Cristo que es la puerta de entrada al misterio trinitario. Dios se nos pone al alcance de la mano, se abre a nosotros para que nos adentremos en Él, en Su intimidad, por medio de Cristo. Dios, el Infinito, se pone a nuestros pies, ¡a los pies de Sus amadas criaturas! Verdaderamente nuestro Dios es un loco de amor y Sus locuras inundan nuestras vidas transformando completamente nuestra existencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario