
“María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.” Lc. 2, 19
¡Madre! Madre de Dios y Madre mía, ¿querrías enseñarme a guardar todas las cosas de Dios en mi corazón? ¿Podrías enseñarme a meditar? Necesito aprender a estar en silencio, a dejar a Dios actuar en mí. No soy más que una pobre esclava encadenada al mundo de diversas maneras. Madre mía, quiero aprender de ti, quiero aprender a ser la esclava del Señor, como tú. Quiero, como cualquier hija, parecerme a mi Madre, especialmente siendo como eres ¡una Madre tan buena!

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