viernes, 28 de mayo de 2010

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

Dios Nuestro Señor nos ama tiernamente, nos ha creado por amor y por amor se ha estado comunicando con nosotros desde el principio de los tiempos. Por amor, Dios, se encarna en la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y se hace Hombre y continúa hablándonos de Sí mismo.

Dios es una Persona a la que podemos conocer y tratar. Conocer a Dios significa adentrarse en Él, entrar en contacto con Su intimidad y, sobre todo, percibir Su gran amor por nosotros. Mi relación con Dios es personal. No sabría explicar qué es lo que más me impresiona de Dios, creo que todo lo que está relacionado con Él me desborda. Percibo pobremente cómo me ama, ¡tan tiernamente! Y Su fidelidad me conmueve mucho. Por eso cuando me adentro en las verdades de Fe (todas ellas me hablan de mi Señor y me ayudan a conocerle mejor), trato de utilizar mi entendimiento; pero siempre llego a un punto en el que me encuentro con el misterio y ya no puedo penetrar más. En ese momento, yo tengo que hacer mi acto de Fe: “Señor, mi mente no comprende, esto escapa a mi razón, pero yo creo porque eres Tú Quien me lo dice.”

Ahora, ¿por qué puedo confiar en el Señor? ¿Por qué puedo creer en el misterio? Sobre todo porque entre Dios y yo hay una relación de amor, porque sé que Él me ama y sé que yo quiero amarle también, aunque mi vida esté llena de infidelidades. Es, por tanto, el amor el que me impulsa a creer y, al mismo tiempo, la Fe es la que me descubre más y más a mi Dios, Su persona, y este conocimiento alimenta mi amor.

Por otra parte, la Esperanza es como la Fe en estado líquido. La Fe es sólida, como la roca porque es base y fundamento; pero la Esperanza es más ligera porque es la que une el Cielo y la Tierra; lo divino y lo humano; la promesa y la realidad. Es la que alimenta mi deseo de amar más, de crecer más, de unirme al Señor, de vivir una vida más santa. La Fe me dice que puedo ser santa y la Esperanza es la que me mantiene en movimiento en mi camino de santidad. Es la que me susurra al oído: “es posible, es posible, es posible...” y por eso no me desanimo y puedo seguir adelante, es la que me alienta a creer. Espero porque amo y porque amo, creo en lo que espero. Fe, Esperanza y Caridad no pueden separarse, están íntimamente unidas.

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