
Alma mía querida, ¡mírame! Por amor, soy un pobre minusválido: no tengo brazos, ni piernas; en todo dependo de Mis amados hombres. Necesito que Me cojan, Me traigan, Me lleven… Si Me maltratan, no Me puedo defender. Si Me roban, no puedo gritar. Aunque no dejo de abrazar, ni ceso de consolar, ¡qué pocas almas reciben Mis caricias de Amor! Si bien oigo el murmullo incesante de las almas, veo lo invisible y hablo en el silencio, para muchos soy sordo, ciego y mudo.
Por eso, Alma mía amada, cada día te espero con impaciencia. Te necesito, pues cuando tú comulgas, nuestros seres se funden en el abrazo más íntimo inimaginable. Tú te empapas de Mi Divinidad y Yo me empapo de tu humanidad y así, cuando sales del templo, Yo tengo manos, pies, ojos, oídos, labios, voz… y los dos juntos, tú y Yo, podemos irradiar Mi Amor a cuantos nos rodean.

No hay comentarios:
Publicar un comentario