Ante los graves problemas de la humanidad, cuántas veces exclamamos impotentes ¡y yo qué puedo hacer para resolver este problema! No somos gobernantes, ni ricos, ni poderosos y así parece que no contamos con ningún medio, que todo queda fuera de nuestro radio de acción.
Sin embargo, esto es falso porque los grandes cambios no se producen gracias a medidas gubernamentales, ni a ideas felices de poderosos. A menudo ni siquiera hacen falta grandes medios. Lo que transforma el mundo son las personas, personas que son testigos, que viven conforme a sus principios, con coherencia (aunque por debilidad fallen muchas veces) y que contagian su modo de pensar a otros.
Todas las vidas están relacionadas, se tocan unas a otras y sin querer, casi sin proponérnoslo, influimos en los demás y ellos influyen en nosotros. No sabemos exactamente cuántas vidas habremos tocado a lo largo de nuestro tiempo, ni somos conscientes de hasta qué punto el mundo es un lugar mejor o peor gracias a nosotros. Por eso tenemos un gran poder en nuestras manos, que usado sabiamente, sí puede cambiar el mundo.
Me impresionan especialmente dos personas, de origen humilde (ni ricos ni gobernantes) que, viviendo conforme a sus principios, han cambiado el mundo para muchas personas: Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta.
Por eso creo que no debemos perder la esperanza, no podemos tirar la toalla pensando que no podemos hacer nada, ¡sí podemos! Podemos mejorar nuestro entorno, podemos crear una corriente de amor que ¿quién sabe hasta dónde llegará?, podemos promover el trato amable, el piensa bien y acertarás, el amor incondicional que brota de querer vivir según el mandamiento del amor: “amaos unos a otros como yo os he amado”… Podemos cultivar la mirada de esperanza, tratando de ver en los demás su mejor “yo”; podemos aprender a confiar los unos en los otros; a disculpar, en lugar de culpar; a ayudar desinteresadamente; a sonreírnos unos a otros; a crear una corriente de amabilidad y simpatía a nuestro alrededor… ¡Cuánto podemos hacer!
Sólo yo puedo escoger cómo vivir mi vida: pasiva, quejándome, reaccionando, aburrida… o activa, dinámica, ilusionada, gozando, disfrutando de cada instante, amando a Dios y a Dios en los hombres… ¡Tú elijes! ¡Bienvenidos a la esperanza!
Para compartir:
• Esta película, en su día me descubrió que mi vida es importante y que puedo hacer mucho para mejorar o empeorar mi entorno: “¡Qué bello es vivir!” (“It's a Wonderful Life”), 1946, de Frank Capra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario