¡Dios mío, cuánto me amas! Y me amas porque soy para Ti Tu criatura preciosa, tanto que has dado Tu Vida por mí. Tú me amas de un modo único, me amas como soy, como soy de verdad, porque sólo Tú me conoces completamente. Tú ves todas mis limitaciones, mis infidelidades y pecados, Tú ves mis deseos y mi pobreza y a pesar de lo que soy, me amas tiernamente. Tú me esperas porque eres fiel, Tú eres la Roca viva que me invita a edificar mi vida sobre Ti.
Haga lo que haga Tu Amor permanece siempre sobre mí: si Te doy la espalda y me niego a recibirte, ¡Tú me amas!; si soy infiel y peco contra Ti, ¡Tú me amas!; si Te digo “sí”, pero luego hago “no”, ¡Tú me amas! ¿Me amas siempre? ¡Sí! Me amas sin juzgarme, sin reprocharme nada, me amas en una espera paciente e impaciente, me amas queriendo abrasarme de amor, me amas con dulzura y ternura infinitas. Me amas aunque fracase, aunque me olvide de Ti, aunque maltrate a los que me aman, aunque Te maltrate a Ti. Haga lo que haga, Tu mirada amorosa siempre recae sobre mí.
Tu paciencia es infinita, porque me esperas siempre, pero también estás impaciente porque ¡deseas tanto que yo Te ame! ¿Me amas más si Te amo? Creo que si yo Te amo, Tú Corazón salta de alegría porque entonces Tú puedes colmarme con Tu amor; porque entonces yo puedo ser feliz porque Tu Amor abrasa mi ser.
Cuanto más me dejo amar por Ti, más puedo amarte, porque Tú dilatas mi corazón y me instruyes en Tu Amor. Eres un sediento de amor, no porque necesites recibir mi amor, sino porque Tú eres el Amor y me amas tanto que si yo soy feliz, Tú vibras de emoción.
Tú me has creado a Tu imagen y semejanza, por eso mi corazón también está sediento de amor. Sin embargo, siempre quisiste cortejar mi corazón Tú mismo, por eso has puesto en mí un anhelo de amor infinito que sólo Tú puedes colmar. ¡Gracias, Señor, por amarme tanto!

No hay comentarios:
Publicar un comentario