domingo, 12 de septiembre de 2010

UN CORAZÓN SIN PUERTAS

Nuestro Dios y Señor es la Santidad, la suma Bondad y Perfección. Por eso, Dios nuestro Señor no puede tolerar ni la menor mancha, ni la menor imperfección. Lo Santo y Puro no puede coexistir con lo imperfecto y manchado.

Durante nuestra vida, tenemos numerosísimas oportunidades de acercarnos a Dios, de aprender a mirar en nuestro interior con Su Luz y así detectar, poco a poco, nuestros pecados, imperfecciones, manchas, sombras… presentándoselas a Dios nuestro Señor en el Sacramento de la Confesión, para que Él con Su inmensísimo a Amor por nosotros, pueda ir destruyendo todo el mal que hay en nuestros corazones.

Cada pecado, vicio, defecto, imperfección, mancha, impureza, desorden… es una puerta cerrada al Amor de Dios. Si deseamos que Dios nuestro Señor pueda adueñarse de nuestro corazón, tendremos que descubrir nuestras puertas cerradas y aprender a abrirlas de par en par.

Señor, yo quiero tener un corazón sin puertas, por el que puedas pasearte libremente, sin impedimentos. Señor, yo quiero que mi corazón sea Tu oasis, Tu descanso, Tu delicia.

¿Me ayudas?

“Cuando un hombre se vuelve más bueno, entiende cada vez con mayor claridad la maldad que aún lleva dentro. Cuando un hombre se vuelve más malo, cada vez entiende menos su propio mal.” C. S. Lewis

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