jueves, 16 de septiembre de 2010

UN ESCAPARATE DE AMOR

Decimos que la Cruz es la señal del cristiano y, ciertamente, lo es. Pero donde nos equivocamos es en pensar que la Cruz es sólo sufrimiento y dolor. La Cruz es, ante todo, un escaparate de Amor, del Amor total de Dios por el Hombre que, por el pecado, se encuentra en un mundo hostil en el que el mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte están permanentemente presentes y tienen poder sobre él.

Amar es despojarme totalmente de mí, es perder la mirada de amor sobre mí misma, es vaciarme completamente de "yo" y morir a mi misma cambiando el universo del “yo” por los inmensos espacios abiertos de Dios, en los que puedo nutrirme del Amor que me conduce a la auténtica libertad. Así, mi Dios y Señor, en mi gran vacío, podrá colmarme de Su Amor, llenarme con Su Vida y hacer Su morada en mí. Es doloroso desprenderse de sí mismo, es muy doloroso olvidarse de sí mismo y los dolores, los sufrimientos de cada día, por la Cruz redentora de nuestro amado Jesús, han sido transformados en innumerables oportunidades de crecer en el Amor, de caminar por la senda que nos llevará al despojo total y a nuestra completa transformación en seres de Amor.

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