

Cuando miramos a nuestros hijos, todo nuestro interior dice: “Tú sí eres carne de mi carne y sangre de mi sangre”. Dios nuestro Señor nos ha regalado cada hijo y ha grabado en nuestras almas maternales un profundo sentido de posesión. ¿Por qué? Para darnos la fuerza de luchar por nuestros hijos durante toda la vida. Por eso, la oración de una madre que ruega por la salvación de sus hijos, tiene tanta fuerza porque sólo las madres sabemos rogar, suplicar, implorar y llorar por nuestros hijos de un modo constante y desgarrador capaz de conmover el Corazón del mismo Dios.
“Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 18, 19). Madres queridas, unámonos en oración por la salvación de nuestros hijos. Os invito a ofrecer un Santo Rosario todos los viernes por esta intención. Si las madres nos unimos en oración a los Corazones maternales de Jesús y María, ¡qué no conseguiremos de nuestro Padre del Cielo!
Si nuestra fe fuera como un grano de mostaza… ¡Luchemos por nuestros hijos! Arranquemos a nuestros hijos de las manos del maligno. Que Santa Mónica bendita nos sirva de ejemplo.

Querida Mónica muchas gracias. Yo me uno al rezo del Santo Rosario los viernes, por la conversión y salvación de mis hijos.
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