
“Ecce Homo”, dice Pilato ante la multitud rugiente que reclama la muerte de Jesús. Nuestro Señor ha sido apresado, juzgado y condenado injustamente. Llagado, en pie junto a Pilato, contempla a aquellos hombres que tanto ama. ¿Quién está al lado de Jesús proclamando la verdad? ¿Quién está allí confortándole? ¿Quién grita aún más fuerte que la muchedumbre “Tú eres Jesús, el Mesías, el Señor”?
Dios mío, ¿qué he de hacer yo cuando me acusan sin fundamento o cuando la vida o las circunstancias son tan injustas conmigo? Me fijo en Ti, mi Señor, en Tu mansedumbre, en Tu humildad, en Tu piedad, en Tu amor al prójimo. Aprendo a poner la otra mejilla por amor a Ti. Pero Tú me amas tanto, que no quieres que sufra hasta el extremo que Tú tuviste que padecer; por eso, cada vez que alguien me coloca ante una multitud embravecida y grita “Ecce Homo” señalándome con el dedo, Tú estás junto a mí mirándome con ternura, apoyándome con tu presencia y proclamando con decisión ante todos: “Esta es una de mis ovejas.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario