
Ya has llegado al lugar de la ejecución. Estás de pie, temblando de dolor y de vergüenza, mientras unas manos rudas te arrancan la ropa. Tus heridas se vuelven a abrir, ¿es que no te vas a reservar nada? ¿Todo te lo han, te lo hemos, de quitar?
Señor, recuérdame este momento de Tu camino, cuando me pregunte en medio de mis padecimientos, ¿hasta dónde me vas a seguir pidiendo? Señor, tengo que despojarme de todo, vaciarme completamente, para que sólo Tú vivas en mí. ¡Cuánto cuesta despojarse de sí! ¡Cuántas llagas se abren! ¡Cómo gimo por la pérdida de mi yo! “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” (Mc 8, 34) Tú ya has recorrido el camino para redimirme y para enseñarme. Yo, mi Señor, quiero seguirte. ¡Apiádate de mi imperfección!

No hay comentarios:
Publicar un comentario