
Tanto dolor y sufrimiento conmueven a los demás. Así surge Verónica entre la multitud, valiente, decidida, piadosa que se postra ante Ti y enjuga con amor tu rostro deformado y ensangrentado. A ella no le importa lo que piensen los demás, tiene poco apego a su fama, no posee ojos más que para Ti. Ella es una prueba evidente de cómo el Padre se cuida de los suyos, de cómo cumple Sus promesas: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.” (Mt 5, 5)
Tú, mi Dios, que posees entrañas de misericordia, mueves el corazón de las personas y cuando alguien sufre, siempre hallas la forma de enviarle consuelo.

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