sábado, 26 de junio de 2010

LA RENDIJA


¡Cuántas ocasiones de ganar almas, cuántas oportunidades de acercar los corazones al Señor! En mi trabajo pastoral, lo que más le pido a mi Señor es la “rendija”. Ante una puerta completamente cerrada, si se consigue abrirla un poquito, aunque sólo sea un milímetro, ¡ya tenemos una rendija! Eso es suficiente, porque el Señor sabe cómo colarse en las almas. En cuanto hay una rendijita, ¡cómo la aprovecha! Le digo al Señor: “vamos, Señor, que lo que Tú puedes hacer en un segundo, no puedo hacerlo yo en mil años; vamos, Jesús, que Tú eres el Gran Conquistador de almas; vamos, Dios mío, que no se diga…” ¿Y cómo podemos abrir una puerta herméticamente cerrada? Es difícil, pero tenemos la mejor palanca. ¿Y cuál es nuestra palanca? Nuestra palanca es el Amor de Dios, si podemos hacer que el alma lo huela, lo toque, lo saboree, ¡ya tenemos la rendija! Entonces nuestro Señor, que sabe hacerse tan pequeño, entra en el alma y empieza a conquistarla. ¡Es increíble! Nuestro amado Señor quiere que Le ayudemos a conquistar almas, a atraerlas al horno encendido de Su Corazón, a que puedan vivir una vida inundados por el Amor de Dios. No puedo menos que asombrarme ante nuestro Dios y Señor, Creador de Cielo y Tierra, Señor de todas las cosas, Rey del Universo, Todopoderoso…, que se declara impotente ante un alma cerrada y busca a pobres criaturas para que Le ayuden a conquistar almas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario