martes, 22 de junio de 2010

BESANDO A DIOS

Esta imagen me ha enamorado desde el primer momento.

Lo que más me cautiva es la carita del Niño, esa mirada de hambre de amor que tiene y al mismo tiempo el gozo que experimenta por ser querido y no puedo evitar pensar en Jesús porque sé que a Él le pasa exactamente lo mismo.

¿Por que se hizo niño? Yo creo que para despertar la ternura de nuestros corazones, para iniciar en ellos un movimiento de amor hacia Él, amor que luego tanto necesitará en Su Pasión.

¿Y las manos de la Virgen? Con qué cariño abraza al Niño: su delicadeza, su amplitud, cómo lo arropa con su amor. Lo sostiene suavemente, pero el abrazo es tan envolvente,... que no puedo evitar pensar que ella es mi Madre y que, si yo me dejo, también querrá abrazarme así.

Por último el beso: los labios purísimos de María se posan sobre la mejilla de Jesús. El Amor amado por su criatura, ¡ese es el sueño de nuestro Dios! Él se deja querer y María parece concentrar todo su amor, por su hijo, por su Dios, en ese beso que se prolonga hasta las yemas de sus dedos que parecen hundirse en su propio corazón.

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