
Mi amado Señor, ¿qué me pasa?, ¿por qué no quiero entrar en el aposento más secreto de mi alma y allí permanecer Contigo?, ¿por qué me empeño en seguir estando dispersa y agitada como Marta, y no busco escoger la mejor parte como María recogiéndome en Ti?, ¿por qué mi imaginación se empeña en correr como la loca de la casa por todas partes, agitando mi interior e impidiéndome entrar en contemplación silenciosa?
Salvador mío, ¿qué me pasa?, ¿por qué sigo sin romper las cadenas que me esclavizan?, ¿por qué me abrazo a ellas en lugar de abrazarme a Ti, mi único Salvador?, ¿por qué prefiero la esclavitud a la libertad?, ¿por qué me dejo deslumbrar por los placeres inmediatos y volátiles que me alejan de Tu cálida Luz?
Mi Dios y Señor, ¿qué me pasa?, ¿por qué mi amor propio y mi soberbia se adueñan de mi alma aliándose para gobernarla?, ¿por qué tantas veces escucho sus cantos de sirena en lugar de Tu dulce Voz?, ¿por qué mi “yo” se agranda constantemente impidiéndome ver mi auténtica pequeñez y pobreza?
Jesús de mi alma, ¿qué me pasa?, ¿por qué Te soy infiel una y otra vez?, ¿por qué me dejo arrastrar por mis pasiones una y otra vez entregándoles mi voluntad y permitiendo que salgan vencedoras en el combate?, ¿por qué no puedo hacer mía Tu Voluntad?
Señor, cuando contemplo mi miseria, me angustio, ¿por qué? Porque aún no estoy convencida de mi pobreza, de mi pequeñez, de mi nada. Sigo pensando que soy alguien y así, cuando “caigo” siempre lo hago desde “gran” altura y por eso me hago daño, me duele. Mi Jesús, ¿cómo puedo dejarme curar por Ti?

No hay comentarios:
Publicar un comentario