
| Alma: | ¿Dónde moras, Señor? |
| Jesús: | Ven y lo verás. Sígueme. Mira Alma mía, ¿qué ves? |
| Alma: | Señor, veo una puerta cerrada que sólo se puede abrir por dentro. |
| Jesús: | Así son las puertas de todas las almas que no me dejan morar en su interior. Pero Yo no me rindo, aguardo, llamo y, sobre todo, espero y amo. Ven, ¡sígueme! ¿Qué ves ahora, Alma querida? |
| Alma: | Señor, Te veo como en una sala de espera. |
| Jesús: | Estas son las almas que Me permiten morar en su interior, pero como una visita. La mayor parte del tiempo, Me dejan solo. Ven Alma, aún quiero mostrarte algo más. A ver qué te parece esto. ¿Qué ves? |
| Alma: | Señor, ¡veo un palacio preciosísimo y Tú estás radiante! |
| Jesús: | Estas almas son Mi delicia. Son aquellas que me acogen y hacen de Mí su huésped principal. No Me visitan porque viven en íntima unión Conmigo. |
| Alma: | Señor, ¿cómo puedo acogerte así? |
| Jesús: | Desea... y ¡pídemelo! Soy Tu Maestro y te Amo, ¡no podré resistirme a una llamada de amor! |

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